Canciones tristes.

Hoy me apetece compartir con vosotros algo que escribí hace tiempo.

Todo es muy confuso.

De repente estás bien, y al segundo suena un “click” en tu cabeza y empiezas a recordar. Y vuelven a tu cabeza cosas que día a día luchas por mantener enterradas en lo más hondo de ti (o eso intentas creer).

Tal vez no luchas lo suficiente, y eres tú misma la que una y otra vez se pone las mismas canciones tristes para llorar a solas, y soltar parte de la rabia, de la ira y de la desolación que te arrasan por dentro, porque no pudiste (o no supiste) dejarlas salir cuando debías.

Quizá no tuviste la oportunidad de liberarte, pero eso no es excusa para revolcarte en tu pena como lo haces.

Lo peor de todo es que sabes que este dolor no te afecta sólo a tí, y entonces llega la rutina diaria: respiras hondo, ensayas la sonrisa en el espejo y te ajustas la máscara, esa careta de alegría fingida que intenta ocultar lo que tus ojos son incapaces de esconder. Al fin y al cabo son el espejo del alma.

Te has convertido en una zombie, una muerta en vida. Respiras, comes, trabajas… Serías una persona normal si no fuera porque tu alma está mutilada (y en parte, es culpa tuya).

¿Qué puedes hacer ante eso? ¿Por qué no puedes olvidar y seguir adelante y dejar de hacerte daño? No hay respuestas a estas preguntas, así que sujétate bien la máscara, pequeña.

Show must go on.

 

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