Los sindicatos y el Papa.

Aviso a mis lectores: En tanto que opinión personal, mi visión sobre estos dos temas está totalmente sesgada. Dicho esto y como un blog es para que cada uno diga lo que le dé la gana (sin faltarle el respeto a nadie), procedo.

Con motivo de la visita del Papa a España durante la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en nuestro país del 16 al 21 de Agosto, Twitter está últimamente revolucionado.

Yo misma he expresado mi descontento al saber que esta visita, que por lo visto se sufraga con patrocinios de empresas privadas y con las aportaciones voluntarias de católicos, además de las cuotas por asistir a tan magno evento -no estoy tan segura de que el Gobierno no ponga pasta pero en fin-, costará alrededor de 50 millones de euros.

Dejo claro aquí que, aunque estoy bautizada y me pasé media vida en un cole de monjas, me considero agnóstica (el ateísmo me parece una postura muy radical) y opino que ser católico no garantiza que seas buena persona. Buena gente e hijos de puta los hay de todas las religiones, colores y formas.

Quiero decir con esto que respeto todas las creencias religiosas mientras no sean llevadas al extremo, y mientras tanto, yo trato de guiarme por mis propios principios éticos, que en realidad son inherentes a todas las religiones, tengan el nombre que tengan.

Trato de ser buena persona, pero no lo hago por miedo a ir al infierno ni para estar en el lado de los buenos cuando llegue el juicio final, sino porque creo que es como se debe ser y me hace sentir bien conmigo misma.

¿Que si creo que hay algo más allá, alguien superior a nosotros? Supongo que sí, pero no tengo ni idea de cómo se llama y me parece un poco pretencioso que alguien se atreva a decir que su deidad es la verdadera y que los demás están equivocados. Todas las religiones, sobre todo las monoteístas, se creen en posesión de la verdad absoluta, y ¿quién sabe si su dios no será el mismo en todas, sólo que con distinto nombre?

En la Iglesia Católica hace ya tiempo que dejé de creer. Más que nada, porque no cumplen lo que predican. No digo que no hagan nada por ayudar a los demás, que sí que lo harán (en algunos sitios), pero a día de hoy y tras los muchos escándalos que ha atravesado, creo que es una institución obsoleta que necesita una reforma.

Leía el otro día un tweet en el que decía que la Iglesia ayudaba a no sé cuántos millones de enfermos de SIDA. No sé si en África o en todo el mundo. Es lo mínimo que puede hacer después de prohibir el uso del preservativo, que hubiese evitado que esas personas se contagiasen…

Y los casos de abusos a niños por parte de sacerdotes… mejor ni lo comento. Se me revuelve el estómago.

Por eso ahora me llama la atención que los católicos, tan buenas personas como se supone que son, decidan festejar esta JMJ y reunirse todos para proclamar a los cuatro vientos su fe (que ya sabemos que la tienen, porque si no no irían), cuando últimamente no hacemos más que ver en las noticias el desolador panorama de algunos países africanos asolados por la hambruna.

¿No se sentirían mejor esos católicos sabiendo que ese dineral sirve para salvar miles de vidas? ¿Para evitar que los niños se mueran de hambre, o de cualquier enfermedad nimia que si tuviesen suficientes defensas, podrían combatir? ¿O a ayudar a toda la cantidad de gente en nuestro país que, incapaz de conseguir un empleo, está perdiendo sus casas y apenas tienen para comer?

Pues a la luz de lo que leo en Twitter, me atrevería a decir que la respuesta es no. Además, hay un tono de indignación generalizada entre ellos porque los demás planteamos esta cuestión. A la red social os remito.

Nadie dice que no sea legítimo que quieran disfrutar de unas jornadas en compañía del Sumo Pontífice, y que cada cual es muy libre de hacer lo que le apetezca. Pero a mí me parece bastante hipócrita.

Otro tweet de esta mañana decía lo siguiente: “3 millones de afiliados a sindicatos recibieron 15.000.000 € en 2010. 30 millones de católicos no podemos recibir al Papa sin que se indignen”.

Lo primero: ¿Se puede saber dónde leches están los 5 euros que me tocan, en tanto que afiliada sindical? Hombre ya, yo a pagar y a mí no me meten nunca un duro en la cartilla estos del sindicato…

En segundo lugar, ¿30 millones de católicos? ¿Nos vamos a tener que salir todos del país para que vengan o qué? Porque si de la población española, que debemos ser unos 45 millones, presuponemos que 30 están encantadísimos con la visita de este buen hombre (que encima no me pega nada como Papa, me parece un impostor suplantando a Juan Pablo II), creo que es ser demasiado optimistas. No hay más que ver lo llenas que están las iglesias en las misas dominicales.

Me molestan particularmente las críticas a los sindicatos porque mi padre trabaja en uno. Creo que a nivel nacional, podrían hacer mucho mejor las cosas y no voy a discutirle a quien los critique justificadamente, porque ni tengo argumentos para hacerlo ni estoy segura de que no tengan razón.

Pero sí puedo decir que a nivel provincial, la gente está muy equivocada.

Las subvenciones que reciben los sindicatos se publican anualmente en el BOE. No sé si se puede decir lo mismo de las que reciben empresas privadas, y ya de la pasta que le da el Gobierno a la Banca, mejor ni hablar! Gracias a eso, estamos como estamos. Pero nadie pide responsabilidades por ello. Bueno, sí, los del 15M, a los que la mitad de esta sociedad se empeña en tratar de perroflautas y mil cosas más sin pararse a escuchar lo razonable de sus propuestas.

Por otra parte, el dinero que reciben del Gobierno los sindicatos, unido a las cuotas de los afiliados, se destina a infraestructuras, materiales, sueldos, y una oferta de formación bastante amplia cuyos cursos suelen ser gratuitos, sobre todo para los desempleados, que somos unos pocos en este país.

No sé cuántas veces he oído decir que los sindicatos no valen para nada… Y luego esa misma gente, cuando la echan del trabajo o le surge cualquier dificultad, corre a sus oficinas a que le resuelvan la papeleta. Muchos sin estar afiliados.

Y el problema no es ese, el problema es que hay otras personas que no se dan cuenta de que un sindicalista tiene su horario laboral, como todo el mundo.

Harta estoy de que vengan a mi casa los fines de semana para que mi padre les saque las castañas del fuego. Tanto afiliados como no. Y mi padre, con una sonrisa y sin dejar ver que le acaban de joder la carrera de Fórmula 1, que es de las pocas cosas que le gusta ver en la tele, calcula finiquitos, revisa nóminas, mira convenios, etc etc…

A nadie se le ocurre que tal vez le estén molestando. Y él atiende a todo el mundo. Y sigue formándose para poder atender mejor a la gente que vaya a consultarle algo. Y se trae trabajo a casa, le da mil vueltas al coco pensando en cómo puede solucionarle algo a alguien que ha ido a verle ese día.

Por eso digo que, aunque a nivel nacional deberían también hacerse un lavado de cara y enfocar las cosas de manera diferente, en los sitios más pequeños (o al menos, donde está mi padre), yo sé cómo se implican en su trabajo y se preocupan realmente por la gente.

Muchas veces somos nosotros mismos los que nos conformamos y no luchamos por nuestros derechos hasta que no le vemos las orejas al lobo.

Como dije al principio, este post es totalmente subjetivo porque es mi opinión.

Sé que recibiré bastantes críticas -son bien recibidas mientras sean constructivas-, pero también sé que la gente coherente estará de acuerdo conmigo en gran parte de estas cuestiones.

Gracias por haberme leído, una vez más.

Un comentario en “Los sindicatos y el Papa.

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