Aquel 11 de Septiembre

Era un día cualquiera. Las vacaciones de verano acababan y yo estaba a punto de comenzar mi último año en el instituto, antes de irme a estudiar fuera. A la hora de comer, nos juntamos en la cocina y, como todos los días, encendimos la tele para ver las noticias.

Una imagen casi fija ocupaba la pantalla del aparato. Dos torres cuadradas, enormes rascacielos, uno de ellos incendiado, pues se veían columnas de humo y algunas llamas. El título superpuesto decía algo como “Atentado en el World Trade Center”, no lo recuerdo exactamente. Sí recuerdo cómo cuatro cucharas se quedaban a medio camino entre el plato y la boca cuando un segundo avión impactaba contra la otra torre.

Esas imágenes se repetirían miles de veces a lo largo de los siguientes días. Pero no era eso lo que haría que las recordásemos para siempre. Tras reponernos del choque de la noticia inicial, algo completamente impensable como era un atentado en los Estados Unidos, comenzaron a llegar cifras. Había más aviones que se habían estrellado en otros puntos del país, como el Pentágono. En total, casi tres mil muertos y más de seis mil heridos. Detrás de estos números abrumadores y espeluznantes, se escondían historias desoladoras que te partían el corazón.

Bomberos que perdieron la vida tratando de salvar a personas atrapadas, padres de familia que nunca recogieron a sus hijos en la guardería, parejas que se despidieron para siempre con una breve llamada telefónica… El horror del 11-S para mí reside en esas pequeñas historias, en los dramas de gente corriente que fue una mañana a trabajar y, sin comerlo ni beberlo, fueron objetivo de una panda de dementes extremistas.

A día de hoy ha habido más atentados perpetrados por terroristas islámicos. Un ejemplo es el 11-M en Madrid, fecha que también nos sobrecogerá siempre por los casi dos centenares de personas que perdieron la vida.

Pero creo que nadie podrá olvidar jamás aquel día de septiembre, hace ya 10 años, en el que nos convertimos en testigos mudos de una tragedia que cambió el rumbo de la historia.

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