Semana convulsa

El lunes escribía por primera vez en el blog desde hacía un mes. Sin nada que contar, un post relajadito, personal. Hoy domingo, sin embargo, me apetecía ponerme delante del ordenador, hay muchas cosas de las que hablar.

El miércoles nos sorprendían dos noticias: la muerte de Gadafi a manos de los rebeldes libios, y el comunicado de la banda terrorista ETA anunciando el cese definitivo de la violencia.

Respecto a la muerte del dictador de Libia diré que, aunque era lo que se merecía, no me alegro de la muerte de ningún ser humano, ni voy a celebrarla, igual que no celebré la de Bin Laden, esta última por no estar segura, ni siquiera a estas alturas, de que se haya producido. Gadafi fue un asesino que durante más de cuarenta años tuvo aterrorizado a su país, quitando de en medio a quienes no pensaran como él o le estorbasen por cualquier motivo. “El que a hierro mata, a hierro muere”, dice el dicho. Y es normal que mucha gente esté contenta de que haya encontrado la muerte a manos de ese pueblo al que tuvo oprimido hasta el último momento, en una especie de justicia poética, en la ciudad que le vio nacer. Pero lo justo es que hubiese sido juzgado por sus crímenes en el Tribunal de La Haya, y que este tribunal le hubiese impuesto la condena pertinente.

ETA. También cerca de cuarenta años inspirando el terror por todo el territorio nacional. Intentando conseguir mediante el derramamiento de sangre la independencia de un pueblo que vivía coartado, sin libertad, con miedo. Ahora dicen que ya no van a matar más siempre que se produzcan determinadas negociaciones. El gobierno de Zapatero lo ve como un triunfo político. Desde los demás partidos se critica que la organización terrorista no se haya disuelto ni hayan entregado las armas. Yo no sé quién habrá hecho posible esta noticia que ha disparado la euforia, pero… ¿qué credibilidad se le puede dar a las palabras de alguien que es capaz de asesinar a sangre fría a casi 900 personas sólo para conseguir sus objetivos? ¿Por qué tiene más valor que entreguen las armas, que se disuelvan? ¿Es que acaso no pueden volver a unirse más tarde? ¿A comprar/robar/fabricar más armas? No entiendo por qué estas otras cosas supondrían una gran diferencia, al fin y al cabo no serían más que gestos simbólicos en los que habría que confiar, al igual que en este comunicado. Personalmente no me creo ni una cosa ni la otra. No puedo fiarme de unos asesinos. Quedará mucho trabajo por delante si realmente se quiere llevar la paz al pueblo vasco, y que al fin puedan dejar de tener miedo. Veremos a ver si nuestros ineptos dirigentes (tanto de un color como del otro) son capaces de llevarlo a cabo.

Hoy nos levantábamos con una triste noticia, el fallecimiento del piloto italiano de MotoGP Marco Simoncelli en un accidente en el circuito de Sepang (Malasia). Leí la noticia de la caída por Twitter, y desconociendo su gravedad, pensé que tras los incidentes que Simoncelli había causado, sobre todo con pilotos españoles, era normal que tarde o temprano le pasase algo así. Confesaré que incluso pensé que no le vendría mal perderse un par de carreras o tres para que reflexionase sobre su forma de conducir y sobre los percances que había ocasionado. Pero cuando vi las imágenes y escuché que la carrera había sido suspendida, deseé tragarme mis propias palabras. Estaba tirado sobre el asfalto del circuito, como un muñeco roto, sin su casco. Le habían pasado por encima… Muy duro. A las 10.56h llegó la noticia de su fallecimiento y no me lo podía creer. Vale que era agresivo conduciendo, pero no era más que un niño de 24 años. Otra vez veíamos la cara amarga de ciertos deportes. Recuerda esta tragedia a la del japonés Tomizawa, que perdió la vida durante la temporada pasada. El hecho de verlo por televisión le añade aún más dramatismo al asunto. Estamos tan acostumbrados a ver violencia y muerte en la pantalla que cuesta hacerse a la idea y distinguir la realidad de la ficción. En fin, sólo deseo que pueda descansar en paz. Ojalá no tengamos que lamentar muchas más muertes.

Por hoy creo que ya es suficiente, así que voy a estudiar un rato y a disfrutar del domingo, el primer día lluvioso del otoño castellano.

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