Ni una más…

Ni una bofetada más. Ni una paliza más. Ni una mujer muerta más.

Hoy es el Día Internacional contra la Violencia de Género (también lo es el de las librerías, para quien pudiera interesarle…). Ojalá podamos borrar pronto esta fecha de nuestros calendarios, que a veces da la sensación de que sólo conmemoramos cosas malas. De momento, el color violeta seguirá adornando cada 25 de noviembre para recordar a todas las que ya no están, y a todas las que aún sufren.

En el año 2010, más de 70 mujeres murieron a manos de sus parejas. Este 2011 ya van más de 50. Abrumador, ¿eh? Además, no sólo mueren las mujeres, en algunos casos, el hombre también mata a sangre fría a sus propios hijos, o a los hijos de su pareja, antes de quitarse la vida. Yo me pregunto si a ninguno de estos malnacidos se le ha ocurrido invertir el orden y empezar con el suicidio antes de llevarse a nadie por delante.

Son historias que se prometen felices en sus inicios. A algunas personas incluso nos gusta que nuestro chico se muestre un poco celoso si se nos acerca otro. Y ahí empieza a torcerse todo. Una mala contestación. Un empujón. Una patada. Te humilla, en público y en privado. Te controla. Vigila que no salgas de casa sin él. Y llega la primera paliza. Y con ella, los sentimientos de culpa y de vergüenza. Primero te preguntas “¿Por qué?”, sintiéndote sola e indefensa. Luego empiezas a pensar que tal vez lo merezcas, que algo habrás hecho para que él se porte así. Y no lo cuentas. No lo denuncias porque a lo mejor no te creen o piensan que te gusta ir de víctima.

Y a lo mejor llegan los niños. Y siguen las amenazas, los golpes. Al principio no delante de ellos. Luego ya no le importa que le vean maltratar a su madre. Y tú disimulas. Hasta que optas por denunciar. Puede que te hagan caso. Puede también que no te tomen en serio y sigas teniendo que convivir con ese bestia, “hasta que la muerte os separe”. Hasta que la furgoneta de la funeraria aparca debajo de tu casa y pasas a formar parte de una horrible estadística. Un nombre que se convierte en un número.

Entiendo que para las mujeres que están pasando por esta situación es muy difícil dar la voz de alarma. Piensan qué pasará con sus hijos, qué pensará su familia. Están asustadas y les parece imposible salir de esto. Por eso, si tenéis una amiga o familiar y sospecháis o sabéis que puede estar viviendo algo así, no volváis la cara hacia otro lado, porque si le pasa algo no os lo perdonaréis jamás.

Utilizad el teléfono 016, un número que el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad pone a disposición de las personas que sufren maltrato. Es un teléfono gratuito y no aparece en la factura, para evitar que la pareja sepa nada. Animad a esa persona que sufre a que llame, a que busque ayuda, a que denuncie, a que luche por su vida. Y si no, llamad vosotros, o id a la Policía, también podéis denunciar.

Que las noticias no sigan estando salpicadas de estos dramáticos sucesos que dejan a familias rotas de dolor por algo injusto y absurdo.

Os dejo una canción preciosa…  AMARAL: Salir corriendo

SACADLE TARJETA ROJA AL MALTRATADOR.

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