Lucía Etxebarria o la piratería intelectual

No he leído nada de Lucía Etxebarria. No lo digo de forma orgullosa, no considero que ella sea mala escritora o que mi nivel intelectual esté por encima de sus obras ni mucho menos, que he devorado toda la saga de Crepúsculo y los que me conocéis bien sabéis que no hago ascos a los best-sellers. Tengo unos gustos variados, y si no leí nada de esta mujer es simplemente porque no ha caído en mis manos ningún libro de ella que me pareciese lo suficientemente atractivo como para tragármelo entero. Adorna mi estantería un ejemplar de “Ya no sufro por amor”, edición de bolsillo que compré en un arranque de consumismo y dejándome llevar por su sugerente título, dado que no atravesaba yo una buena época en el aspecto sentimental. Nada que ver con lo que esperaba, y tras un vistazo rápido no quise gastar mi tiempo, como ya había gastado mi dinero, en algo que me pareció que no valía mucho la pena.

Dicho esto, quiero comentar la polémica que se ha formado hoy en el social networking, especialmente en Twitter, tras las declaraciones de esta buena señora. Afirma la susodicha que deja de escribir debido a la piratería. Las críticas han empezado a caerle como una granizada. Algunos celebran su decisión, preguntándose si alguna vez llegó a escribir algo decente, los hay que cuestionan su talento y otros incluso le postean en Facebook links de páginas para descargarse sus libros. En fin…

A día de hoy, los escritores, músicos, cineastas, etc… deberían haber asimilado que la industria de la cultura está cambiando, y tratar de adaptarse a estos cambios implementando nuevos modelos que les permitan sobrevivir. Álex de la Iglesia lo plasmó perfectamente en su último discurso como presidente de la Academia de Cine, pero sus palabras parecen haber caído en saco roto para muchos.

Yo no creo que la cultura deba ser totalmente gratis. Los autores de las obras dedican mucho tiempo y un gran esfuerzo a crear un disco, una película, una novela. Y por ello merecen una retribución digna. Ya se habló de todo esto con la Ley Sinde, que afortunadamente quedó olvidada en un cajón. El tema es que hay muchísimos intermediarios que perciben muchos más beneficios que los propios autores. Editores, distribuidores, etc… se comen un gran porcentaje del importe total de un libro, dejando una miseria para la persona que se ha pasado cerca de tres años trabajando en una novela de quinientas páginas. Y también están los precios de cine, música o libros, que no son ninguna tontería, menos aún en los tiempos que corren. ¿O es que esperan que a 25 euros el disco la gente resista la tentación de bajarlo de internet?

Con la llegada de las nuevas tecnologías, ha cambiado la forma de consumo cultural, sobre todo de la literatura. Yo aún no me he pasado al eBook, soy bastante tradicional al respecto pero, ¿quién puede culpar a los que ya lo han hecho? Recientemente ha llegado a España el Kindle de Amazon. Este dispositivo pesa mucho menos que un libro convencional en papel, y permite almacenar una gran biblioteca. Y los libros electrónicos pueden descargarse de manera instantánea, de forma cómoda y por un coste significativamente menor. Una novedad vale cerca de 15 € cuando en papel cuesta casi el doble. No más problemas de espacio en las casas. Porque no sé vosotros, pero en la mía ya no sabemos dónde meterlos!

Hay escritores como el gran Juan Gómez Jurado, que a mí particularmente me encanta, que están a favor de estas nuevas tecnologías y posicionan sus libros en el top ten de los más vendidos en iTunes o Amazon. Juan, tras participar en iniciativas como “1 libro, 1 euro”, de “Save the Children”, incluso ofreció la descarga gratuita de “Contrato con Dios” durante el día de su cumpleaños!! A algunos de sus ambiciosos compañeros esto les habrá caído como un jarro de agua fría. Así que bien por Juan!

Creo que lo ideal sería un sistema en el que los usuarios de cine, música o e-literatura pagasen precios reducidos por sus descargas y que los autores percibiesen la justa retribución a su trabajo. Si hay una forma de implementarlo, la desconozco. No sé si creando sites que se financien mediante publicidad (como Spotify) o similares se podría hacer algo así, pero lo que está claro es que o se lo plantean pronto, o figuras literarias importantes tomarán el camino de Lucía Etxebarria, y no quisiera yo que eso pasara.

Y vosotros, ¿qué pensáis?

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