Mayo del 68 en ¿febrero de 2012?

La policía valenciana se ha visto obligada a acallar en los últimos días las protestas de unos centenares de salvajes estudiantes que han osado salir a las calles para mostrar su disconformidad frente los recortes en educación. Porque todo el mundo sabe que en Valencia pueden hacer carreras de F1, o construir estatuas gigantes en aeropuertos sin un solo avión, pero cuando se trata de la calefacción en los centros escolares y universitarios… ¡eso son gastos superfluos!

Los rebeldes valencianos, armados con libros, carpetas, estuches, escuadras y cartabones, se metieron aposta debajo de las porras de los policías, que por intentar repeler estos ataques desalmados acabaron lesionándose las muñecas en algunos casos…

Ahora los estudiantes son, perdón, corrijo, somos (que yo también estudio) “el enemigo”, según Antonio Moreno, jefe superior de la Policía Valenciana. Se han sentido atacados estos señores por la cultura, el pacifismo y la razón de quien defiende sus derechos básicos, derechos que se consiguieron hace años y que estamos perdiendo a pasos agigantados.

Nadie, ni en el Gobierno Central ni en la Delegación Valenciana, ha entonado el mea culpa por esta carga desproporcionada, por este empleo de la fuerza bruta ante personas desarmadas y no violentas. En muchos casos, menores de edad. “Si no tenéis calefacción, tranquilos, que os vais a ir calentitos pa’ casa”, debieron pensar los agentes.

Me permito ilustrar la entrada con esta imagen que he encontrado en Facebook. Desconozco quién es su autor, pero creo que refleja muy bien el dramatismo y la ironía de la situación que estamos viviendo. Se está volviendo a un estado dictatorial, en el que, por ejemplo, la gente no puede reunirse en Madrid si esta reunión tiene como propósito hablar de temas que son contrarios a la ideología de doña Cristina Cifuentes. ¿No es el derecho de reunión constitucional y debería estar por encima de lo que quiera la delegada de Gobierno?

La reforma laboral elimina de un plumazo todo lo que ha costado años conseguir, aquello por lo que lucharon nuestros padres. ¿Y qué? Nueve detenidos frente al Congreso de los Diputados. Entre ellos, Pablo, compañero del Máster, una persona comprometida que sale a la calle a reivindicar los derechos de todos mientras los demás (entre los que me incluyo) nos quedamos calentitos en casa, sentados cómodamente en el sofá.

La gente protesta y son golpeados y tratados como criminales por aquellos que no sólo no deberían maltratarnos, sino que tienen la obligación de protegernos. ¿Qué confianza podemos tener en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cuando a la mínima sacan las porras sin darse cuenta de que nosotros no somos “el enemigo”, sino quienes pagamos su sueldo con nuestros impuestos?

He leído en estos días testimonios sobrecogedores, y espero que cosas como lo ocurrido en Madrid y Valencia sirvan para que seamos conscientes de que si nosotros no movemos el culo, nadie lo hará por nosotros. Ante estos ataques desproporcionados, la unión hace la fuerza.

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