La noche de un día duro

Así se titula el primer capítulo de la primera temporada de mi serie favorita, Anatomía de Grey. En él, la protagonista conoce en un bar a un tipo muy atractivo, y tras darle demasiado al tequila, se acuesta con el susodicho. Su sorpresa es mayúscula cuando al día siguiente descubre que el chico del bar es su jefe en su nuevo trabajo, el hospital Seattle Grace.

Meredith abre y cierra cada episodio con un monólogo relacionado con la cirugía, que es su especialidad médica. Y a mi, que si comerse la olla fuese deporte olímpico tendría ya demasiados oros, estos monólogos siempre me dan mucho que pensar. Por eso he decidido compartirlos con vosotros.

Aquí va el primero, junto con la canción del final del episodio, que me hizo enamorarme irremediablemente de la serie (y del Dr. Shepherd, dicho sea de paso):

El juego. Dicen que hay personas con madera para participar y otras sin ella. Mi madre era una de las mejores. Yo en cambio… la he cagado.

No se me ocurre ninguna razón por la que quiera ser cirujana, pero se me ocurren miles para pensar en dejarlo. Te lo ponen difícil a propósito. Sus vidas dependen de ti. Llega un momento en que es mucho más que un juego. O das un paso adelante o te das la vuelta y te marchas. Podría dejarlo, pero pasa una cosa: que me encanta el terreno de juego.

Anatomía de Grey, temporada 1, capítulo 1.

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