¿Dignidad? Sí, pero no para todos

Hoy necesitaba escribir un post. Así de buena mañana, por ser lunes. Y es que os leo y ya me encabronáis para el resto del día.

Vivimos en un país de hienas. De aves carroñeras que desde el viernes han estado sobrevolando al expresidente Suárez, esperando que exhalase su último suspiro mientras lo despedazaban. Creo que el anuncio de su muerte inminente ha sido un grave error por parte de su hijo, pero en fin, él sabrá…

Nadie discutirá el papel fundamental de Suárez en la historia reciente de España, pero oigan, que antes del 78 también hubo algunos gobiernos elegidos democráticamente y no a golpe de levantamiento, así, por dar algún apunte histórico… Se conoce que para alguna gente, la República es antidemocrática, anticonstitucional y antitodo.

Y hablando de anti, vamos a hablar del 22M. Desafortunadamente este fin de semana estuve fuera de Madrid, si no, evidentemente hubiese estado ahí. Una manifestación que invadió las calles de la capital con gente llegada de todos los puntos de nuestra geografía (aquellos que lo lograron, claro). Las imágenes aéreas muestran una masa humana mayor que la que se congregó en la Misa de la Familia, pero sorprendentemente las cifras aportadas por las autoridades competentes son ridículamente inferiores.

Digamos que hubo entre 50.000 y 1.500.000 personas, según el cristal con el que se mire. Y de esa gente, un porcentaje que no llegará al 0,01% la lía (sigo sin estar convencida de que no sean revientamanifestaciones profesionales) y eso es todo lo que importa.

Algunos, que sois de derechas, convertís gracias a esta información, a la dignidad en algo indigno. Como si los derechos que se puedan conseguir con estas acciones no os atañesen. Como si la izquierda fuese el coco. Como si ningún votante del PP hubiese salido a la calle el sábado.

Y luego os quejáis de que os despiden/putean en el trabajo, o de que están privatizando la Sanidad, o de otras tantas cosas. Pero os quedáis en casa y despotricáis contra quienes defienden los derechos de todos, tildándonos de bárbaros y salvajes, sin saber diferenciar la parte (muy muy pequeña) del todo. Pues yo también condeno los destrozos, pero admiro profundamente a todas y cada una de esas personas que engrandecieron la palabra DIGNIDAD. La gente así es la que mueve el mundo y hace una sociedad mejor.

Ojalá hubiese una forma de excluir a todos los que critican y condenan las manifestaciones de las mejoras sociales ganadas a través de estas, o de las huelgas. Si no participáis de ello, no tenéis derecho a ningún beneficio.

Ale, ya me quedé a gusto. Feliz semana a casi todos.

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