A medianoche

Otra vez de vuelta en el pueblo, y a duras penas soy capaz de contener las ganas de salir corriendo. Me siento atrapada en un espacio y en un tiempo en el que incluso meros conocidos se sienten con derecho a decirme lo que tengo que hacer. Aquí, si estoy gorda o delgada se convierte casi en una cuestión de Estado. Estoy a un solo “te has puesto muy guapa, pero ya no adelgaces más, ¿eh?” de sufrir un brote psicótico y convertirme en Leatherface.

Aquí siento que no puedo respirar. Me hago pequeña. Trato de responder de la mejor forma posible a todo, pero siempre hay quien encuentra la forma de tocarme las pelotas. Y a punto estoy de gritar que no soy una puta cría y que se metan en sus patéticas existencias de mierda, que yo soy lo suficientemente educada para no señalar lo calvos, o lo gordas, o lo viejos que están ell@s, pero me callo y sonrío y me quemo por dentro, y entonces llega otro imbécil a decirme otra estupidez. En bucle…

Después de mucho tiempo, al fin se me lograba estar de vacaciones durante las fiestas. Y ahora solo me apetece coger a Noa y pirarme a Madrid, a mi casita, a seguir con mi vida sin que nadie se meta en ella ni me dé consejos que no le he pedido sobre cómo vivirla.

Soy una incomprendida, y no importa que trate de explicar mis sentimientos, los demás siempre saben qué es lo mejor para mí y yo debo aceptar sin rechistar sus bienintencionadas palabras o sus coñas. Porque si digo que me molesta algo, es que lo estoy pagando con quien no tiene culpa. Así que a tragar con todo, ¿no?

Hay opiniones sobre cómo debo vestir, o alimentarme, o divertirme. Retrocedo a la infancia de nuevo, a lo Benjamin Button. Solo espero recordar todo esto para no cometer los mismos errores y no ceder ni un ápice de mi terreno.

Tras este desahogo, vamos con el monólogo de hoy. Habla de esas cosas que no nos dejan dormir, porque cuando llega la noche, nuestros fantasmas vuelven para torturarnos.

Os dejo una maravillosa versión acústica de Quiet times, de Dido, y espero que la disfrutéis.

Cuando eres pequeño, la noche te da miedo porque hay monstruos escondidos bajo la cama. Cuando creces, esos monstruos son diferentes. La inseguridad, la soledad, el arrepentimiento. Y aunque seas mayor y más sabio, sigues teniéndole miedo a la oscuridad.

Dormir. Es lo más fácil del mundo, solo hay que cerrar los ojos. Pero para muchos de nosotros, el sueño parece fuera de nuestro alcance. Queremos dormir, pero no sabemos cómo lograrlo. Pero en cuanto nos enfrentamos a nuestros demonios, a nuestros miedos, y buscamos ayuda en los demás, la noche no da tanto miedo, porque nos damos cuenta de que no estamos solos en la oscuridad.

Anatomía de Grey, temporada 5, capítulo 9.

2 comentarios en “A medianoche

  1. Te podría soltar una parrafada pero… es que seguramente lleves razón en todo lo que escribes jejeje
    Anda… sonríe! La vida es chula (espero que los de Desigual no lean tu blog y me manden a la SGAE).

    Posdata: llego tarde y no sé cómo estabas antes para comparar pero da igual… yo te veo genial ahora. No te desanimes.

    Me gusta

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