Ojalá estuvieras aquí

Hola a todos!!

Este es uno de esos findes que, el lunes, parecía estar a años luz… Qué coño, todos son así, nunca llegan lo suficientemente rápido. La semana ha sido traumática. Esa es la palabra. Entre la vuelta al trabajo, las pocas horas de sueño por tener que estudiar, el mal resultado en los exámenes…

De Psicofarmacología no han salido aún las plantillas, pero Personalidad suspendo con un 4,66. A no ser que den por válidas algunas de las preguntas que he fallado y sobre las que hay dudas más que razonables, o por la dificultad del examen aprueben a la gente a partir del 4,5, como en la convocatoria de junio. Porfa, cruzad los deditos por mi…

Para no sufrir una depresión postvacacional galopante, ayer me pedí el día libre y fui con mis tíos y mi primito pequeño a la Warner. Creo que nunca se disfruta tanto en estos sitios como cuando vas con un niño. Esa inocencia e ilusión, esas salidas que tienen que te dejan boquiabierta… Fue un día agotador pero mágico.

Y hoy, vuelta a Toro, a recoger (Trrrr – redoble de tambores – trrrrrr) MI COCHE!!! Sí, al fin y gracias a unos padres que no me merezco, tengo vehículo propio. Así que mañana será el primer viaje que haga sola a Madrid. Bueno, con Noa.

Antes de dedicarme a la vida social os dejo el monólogo de hoy (mucho más tarde de lo habitual, lo sé, sorry). La canción, escogida entre las de la banda sonora del capítulo, me ha gustado muchísimo. Se llama Am I still the one y es de Daniel Powter en colaboración con Linda Perry.

Todos podemos pedir un deseo al año al soplar las velas en nuestro cumpleaños. Algunos pedimos más: con las pestañas, en las fuentes, al ver una estrella fugaz, y de vez en cuando, alguno se cumple. ¿Y qué pasa entonces? ¿Es tan bueno como esperábamos? ¿Disfrutamos de nuestra felicidad o nos damos cuenta de que tenemos una larga lista de deseos esperando a ser deseados?

No deseamos lo fácil. Deseamos cosas importantes, cosas ambiciosas. Fuera de nuestro alcance. Deseamos cosas porque necesitamos ayuda. Tenemos miedo. Y sabemos que quizá pedimos demasiado. Pero seguimos teniendo deseos porque a veces se hacen realidad.

Anatomía de Grey, temporada 5, capítulo 11.

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