Compasión por el demonio

Benditos sábados. El primero sin despertadores, ni prisas por estudiar, ni por ir al gimnasio, limpiar o hacer la compra. Nada. Solo descansar. Eso sí, para darme hoy el gustazo, ayer casi muero. Entre trabajo, adecentar la mansión y una clase de spinning de una hora a tal intensidad que si la bici no llega a ser estática creo que hubiese aparecido en Zaragoza, no sé cómo logré siquiera pasar por la ducha.

Además, esta semana ha sido una montaña rusa. No ha ido muy bien en el tema laboral, y el miércoles la lié parda NIVEL PRO olvidándome las llaves de casa por dentro de la cerradura. Si no llega a ser por mi tío, que consiguió abrirme la puerta ayudado de una paciencia inmensa y una radiografía, ahora mismo estaría tratando de vender uno de mis riñones en el mercado negro para pagar la factura de un cerrajero de urgencia.

Por otro lado y para mantener el equilibrio cósmico, voy a hacer un curso guay de Corrección profesional que me pagan en el curro, y mirando las asignaturas de Psicología que cogeré el curso que viene (cruzando deditos para aprobar las dos de septiembre, que está todo in the air) descubrí que no me quedan 12 asignaturas + TFG + prácticas para acabar la carrera, sino solo 9. ¡¡EN DOS AÑOS TERMINO!! Qué subidón así de repente ;)

En fin, al lío.  ¿Quién no ha tomado una decisión apresurada de la que luego se arrepiente? El tema que nos acompañará se llama All the same to me y es de una habitual en la BSO de ANatomía de Grey, Anya Marina. Espero que lo disfruteis y feliz finde!

Mi madre solía decir lo siguiente sobre la residencia: “Tardas un año en aprender a cortar. Y una vida en aprender a no hacerlo”. De todo el instrumental quirúrgico, la sensatez es el utensilio maestro. Sin ella, no somos más que niños correteando con bisturíes.

Somos humanos. Cometemos errores. Malinterpretamos. Tomamos decisiones incorrectas. Pero cuando un cirujano se equivoca, no es tan sencillo. La gente se hiere, sangra. Así que luchamos en cada punto. Agonizamos en cada sutura. Porque los juicios precipitados, las decisiones que tomamos sin pensar, sin vacilar, son las que nos persiguen eternamente.

Anatomía de Grey, temporada 5, capítulo 12.

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