“La luz de Candela”, Mónica Carrillo

Una de las maravillas de la lectura es que te permite vivir miles de vidas que no son la tuya propia. Pero, ¿sabéis lo que se siente cuando comienzas un libro que parece escrito por y para ti?

Eso me pasó en cuanto leí las primeras líneas de La luz de Candela, la ópera prima de Mónica Carrillo, a quien casi seguro conocéis porque presenta uno de los informativos de Antena 3.

La luz de CandelaLa luz de Candela es una historia de amor. De desamor, más bien. En ella, la prota le escribe a Manuel, el hombre que ha marcado un antes y un después en su existencia. Y le cuenta cómo se siente desde que no están juntos: la angustia de saber que no volverá, cómo todo parece girar en torno a él, cómo su vida va perdiendo color y quedando relegada a un segundo plano, porque lo único que puede hacer es revolcarse en el dolor de su pérdida y su ausencia, y recordar lo feliz que era a su lado.

Una obra llena de ternura y desgarro, de verdades con las que cualquiera que haya querido de esa forma tan visceral y loca puede sentirse identificado. Quizás solo nos haga recordar a ESA PERSONA. Así, con mayúsculas y negritas. Ese amor idealizado hasta el absurdo. También puede que cada párrafo nos evoque una historia distinta. Porque no todas son iguales, pero en esencia el desamor de Candela y Manuel las integra todas.

Al final de los capítulos, la autora incluye #microcuentos, que también suele postear en Twitter (os recomiendo seguirla).

Y este es el inicio que me enganchó…

A veces la vida me viene grande. O quizá sea yo la que se vuelve pequeña ante tantas cosas que no entiendo. No lo sé. Tampoco sé por qué te quise tanto, por qué te sigo queriendo. Ni por qué me cuesta tanto olvidarte. No entiendo que puedas pasar sin mí, sin mis besos.

Nadie me ha besado como tú, me decías. Y, sin embargo, prefieres no besarme. O quizá te mueres de ganas y no te atreves a reconocerlo. Es eso. Tiene que ser eso. Ha pasado tanto tiempo que no te atreves a acercarte por miedo a que esté con alguien, a que te diga que no, que ya no te quiero.

Pero ¿qué hago? ¿Te estás escuchando, Candela? Tengo que dejar de autoengañarme y de fantasear contigo.

Mi eterno problema: mi empeño en idealizar lo nuestro, nuestra historia de amor. En idealizarte a ti. Siempre en lo alto, un paso por delante, siempre inalcanzable, siempre una pieza carísima de conseguir.

Cuántas trampas me he encontrado a lo largo de estos años. Y caí en todas.

Para terminar, os dejo otra frase de esas que te hacen pararte a pensar. Si os ha gustado este pequeño avance, ya sabéis, a leerlo!!

Lo que me pasó contigo fue que, después del punto, olvidé apartarte.

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