Noche de Reyes

Hoy me ha entrado un ataque de nostalgia. Todo el mundo habla en Twitter de lo maravillosa que es esta noche, la más mágica del año, pero es que hace siglos que no siento esa emoción de la llegada de SS. MM. Los Reyes Magos de Oriente. Y me ha dado por pensar en mi infancia, que fue preciosa.

Algunas mañanas del 6 de enero las recuerdo como si fueran ayer mismo. La noche antes nos encargábamos de la logística: colocábamos un zapato de cada uno, impoluto y refulgente, bajo el árbol, que estaba en el vestíbulo de nuestra enterior casa; poníamos los vasos de leche y el platito de galletas para Sus Majestades… Los preparativos habituales, vaya. Y mi hermano y yo nos íbamos a la cama, aunque de la emoción nos costaba un triunfo dormir. ¡Qué nervios se pasaban aquella noche! Y luego despertabas y ¡oohhh….! Bajo el zapatito, había un montón de regalos.

Me ha dado por buscar algunos de ellos en Google Imágenes y aquí estoy, medio lagrimeando y todo. Me acuerdo de un año que me trajeron esta mesita de Baby Feber (aunque el muñeco, de aspecto parecido a Chucky, no lo tenía, yo era más de Nenuco), y también un carrito de limpieza que no he logrado encontrar pero que era muy rosa, como todo lo mío en aquella época, vaya. Estaba tan emocionada…

¡Tenía hasta bañera...! :__)

¡Tenía hasta bañera…! :__)

Otro año, cuando ya andaba yo con la mosca detrás de la oreja, me trajeron este maletín con un Nenuco que era adorable, con su pijamita suave y todo. Sospechaba yo de la veracidad de la magia de los de Oriente, y me levanté a mirar varias veces a ver si ya habían llegado y nada. Pero cuando mi papi (que estaba de noche) volvió del trabajó, me despertó para que fuese a ver, y ¡oh, sorpresa! ya habían pasado los Reyes. Elemental, mi querido Watson.

¿Soy todo amor o qué?

¿Soy todo amor o qué?

Después, la época de las Barbies. Tenía tantas que podrían haber solicitado la independencia y creado su propio gobierno. Sin duda, una de las que más me gustó, por espectacular y por ser de las primeras, fue la Barbie Superstar.  De su vestido (rosa, of course) podías hacer varios modelos, y tenía una estola de pelo! Puro glamour… Seguro que la hubiesen elegido presidenta.

Será por estrellas...

Será por estrellas…

Y claro, ellas llegaban pero no llegaban solas. ¡Necesitaban un hogar! Así que otro año, los Magos de Oriente me dejaron bajo el árbol una magnífica casa-maletín que tenía jardín y todo. Mi padre me la montaba en la cocina, a la vez que el castillo de Playmobil que los Reyes le habían traído a mi hermano. Y cuando ya teníamos todo preparado, era hora de recoger porque mi madre volvía del trabajo y había que cenar y esas cosas. Así que el juego consistía, básicamente, en montar y desmontar casa y castillo. Qué paciencia tenía mi padre…

La terraza era lo más...

La terraza era lo más…

Pronto se dieron cuenta Sus Majestades que aquella casa práctica, lo que se dice práctica, no era. Y me trajeron esta otra, que además podía llevar por ahí para jugar en cualquier sitio. Sí, otro maletín. ¡Pero este tenía hasta chimenea con fuego! Barbie vivía como quería.

Es, más o menos, como mi casa de ahora...

Es, más o menos, como mi casa de ahora…

Los regalos fueron cambiando a medida que crecíamos: calzado, ropa y un montón de cosas super útiles y prácticas que a nosotros no nos hacían ninguna ilusión. Y fue entonces cuando los juegos de mesa adquirieron un protagonismo inusitado. El primero de la clase, Quién es quién, o el que sin duda era mi favorito, La herencia de tía Ágata. La verdad es que montarlo también era un poco coñazo y muchas veces cuando acabábamos ya teníamos que recogerlo, pero MOLABA.

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Hasta el gato podía heredar…

Todos como locos por la herencia. Como los hijos de Rocío Dúrcal, igualito...

Todos como locos por la herencia. Parecía un programa del corazón… 

Y hasta aquí el ataque de melancolía y la vuelta a la infancia. Creo que no volveré a disfrutar del día de Reyes hasta que me toque a mi serlo para unos pequeñuelos que se levanten de sus camitas medio adormilados y emocionados, y corran a ver si debajo del árbol de Navidad ha llegado la magia.

3 comentarios en “Noche de Reyes

  1. Mi hermano tiene 26 años ahora, y cuando yo me enteré, además de valorar el esfuerzo y sacrificio de mis padres, me encargaba de que él no pidiese demasiadas cosas y de alimentar su ilusión. Para él, fue una decepción muy grande. Pero se supera pronto :)

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  2. Ains el baby feber que aun le tengo en casa!! Tenia la cuna, una mochila para llevarle, los polly pocket, tambien pin y pon, las barbies, madre mia cuantos juguetes. Los recuerdo todos con mucho cariño. Con que ilusion viviamos aquello. Aunque a dia de hoy sigo con esa ilusion, y esa emocion por verlos en la cabalgata

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