Hace dos años y un día…

No, esto no es un post sobre la obra de Pimpinela, no preocuparse! ;) Hoy os quiero contar una de esas cosas que os permite conocerme un poquito más.

Si me seguís desde hace bastante, estaréis al tanto de mis dimes y diretes con el peso. De pequeña era una raspilla: comía fatal, me aburría tener que hacerlo y había muchas cosas que no me gustaban. Pero llegó el momento de irme a estudiar fuera y, con eso, el desastre.

Me tocó ir a clase en el turno de tarde, que era más o menos de 16 a 21h. Volvía a casa muerta de hambre, cenaba guarradas (hasta papillas), trasnochaba viendo cualquier tontería en la TV, al día siguiente me levantaba casi a la hora de comer… Lo raro hubiera sido que mi metabolismo resistiese el tirón, pero evidentemente este horror de vida fue más fuerte que él. Y comencé a engordar.

Primero fueron unos kilillos, nada preocupante. Hacía todas las dietas milagro que pasaban por mis manos, con un efecto rebote que ríete tú de los de la NBA. Acabé la carrera con casi 15 kilos más de lo que pesaba cuando la empecé. Tras una presión brutal en casa y por parte del chico con el que estaba en aquel momento, me animé a probar con Naturhouse, muy de moda en ese momento. Meses de sufrimiento después, dejándome la pasta en las cositas que te mandan tomar, logré quedarme en 58 kilos. 

Pero la ansiedad, un ritmo laboral estresante con unos horarios complicados, la pereza… todo pudo conmigo y no sólo recuperé lo perdido, sino que en 2013 llegué a pesar 84 kilos. Sí, como lo leéis.

Entras en una dinámica en la que te da igual comer otra pizza más, si total, ya no se te va a notar. Es un bucle infinito, muy difícil de romper. Te desanimas cuando vas a comprarte ropa y no te vale nada, pero piensas que nunca conseguirás adelgazar, que da igual lo que hagas, porque ya lo has intentado todo y al final se ha quedado en nada, y sigues comiendo. Comes para premiarte, para castigarte, por aburrimiento…

Esta foto fue el punto de inflexión. Al verla me dije "Hasta aquí".

Este fue el punto de inflexión.

Tras ver esta foto tan espantosa fui consciente de que esta situación no podía seguir así. De que había que poner remedio. Fue en el esclarecedor viaje a Praga que hice con mi madre y mi tía para visitar a mi prima Clara, de Erasmus allí, cuando tomé la decisión que me cambió la vida. Ambas me dieron su bendición y el soporte financiero que necesitaba, y el viernes 2 de agosto de 2013 me colocaron un balón intragástrico (BIG) en IMEO.

Ese fin de semana pasé tantos dolores que solo podía pensar en si iba a merecer la pena. Tras unos días bastante duros, comenzó el verdadero sacrificio: seguir la dieta. Porque BIG no funciona si sigues comiendo lo que te da la gana. Pero yo estaba comprometida 100% y tenía que conseguirlo, esta vez sí. El objetivo: perder 30 kilos.

Con eso en mente, y gracias al apoyo semanal de todo el personal de la clínica, desde la nutricionista (y ahora amiga) más maravillosa del mundo mundial, Andrea, hasta todas las chicas de Estética que me hacían unos tratamientos estupendos para ayudar en el proceso y conseguir que la piel se me quedase fantástica, y mi adorada Alejandra, la psicóloga que aguantaba todas mis chapas y conseguía que no me volviese demasiado loca, fui dejando kilos atrás.

Pronto llegó el momento de quitar a BIG, porque yo llevaba el de 6 meses. Casi lo tuve puesto 7, y en la recta final lo pasé fatal, me costaba muchísimo digerir la comida y tenía cólicos de gases. Pero el 26 de febrero BIG y yo nos despedimos para siempre, con gran alegría por mi parte, debida entre otras cosas a los beneficiosos efectos de la sedación.

El tratamiento completo tiene una duración de dos años, y como yo solo había perdido una parte del peso deseado, seguí con mi dieta y empecé a ir al gimnasio un par de veces o tres por semana. A finales de marzo conseguí mi objetivo. Y… seguí bajando, porque cada vez quería más. Me enganché a la talla 36, incluso me compraba algunas cosas de la 34 o de la XS.

De repente me di cuenta de que me había hecho una esclava de un número en un minúsculo trozo de papel o de lo que dijese una báscula. ¿Qué más daba que me dijesen que no tenía buena cara si la TANITA marcaba 49,65 kg.?

Aun así, yo seguía sin verme bien, especialmente en bikini. Y la hecatombe llegó este año, con el cambio de trabajo. Las jornadas maratonianas me hicieron abandonar el gym, el estrés me provocaba una ansiedad que a duras penas lograba mantener a raya. Así que he cogido algo de peso que no soy capaz de bajar. Casi todo son líquidos, pero aun así estoy obsesionada.

Hay veces que he dejado de hacer planes con gente solo para no verme tentada a pecar, a saltarme lo que me toque comer ese día.

Y aunque mucha gente dice que estoy ahora mejor, entre 53-54 kilos, yo me veo espantosa. Sé que tengo una visión muy distorsionada, y trato de luchar contra eso. Ser objetiva, mantenerme firme, seguir comiendo como me han enseñado, hacer ejercicio… Pero a veces es tremendamente duro.

Por eso quería compartir esto con vosotros hoy. Ayer, hablando con una amiga que también está a dieta, me di cuenta del daño que nos hacemos a nosotros mismos con esos pensamientos tan distorsionados, y pensé que este post podría ayudar a alguien. Así que aquí tenéis mi historia.

Quiero acabar el post dando infinitas gracias a todas las personas que me han ayudado en este camino: mi familia, a la que le debo TODO, la gente de IMEO (especialmente a Andrea y Alejandra) que me han hecho sentir siempre la niña mimada de la clínica y que son unos grandes profesionales, mis amigos que aguantan carros y carretas y se adaptan a mi dieta si es necesario, y esa persona que hace las mayores tonterías del mundo solo por verme sonreír. Y gracias también a los que estáis de ese otro lado ;)

Acabamos con temazo motivacional. Porque #YesWeCan!

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6 comentarios en “Hace dos años y un día…

  1. Guapísima!
    No conocía tu historia, pero me ha impresionado mucho. Llevo relativamente poco siguiéndote y algo habías mencionado en varios posts de cuando tenias revisiones pero creía q simplemente era una dieta, digamos “normal”; no pensé que la cosa fuera de este calibre.
    Me siento muy identificada contigo en muchas cosas, yo tb tengo problemas de peso, y también empezaron cuando me fui a estudiar fuera, los motivos, los mismos q los tuyos, en eso entiendo por lo q has pasado. En alguna ocasión fui capaz de perder parte de lo que habia ganado pero el efecto rebote es mortal. Ahora estoy en 81,5 y tengo que conseguir bajar minimo 10 kg para poder optar a un tratamiento de fertilidad, pero mi objetivo realmente es llegar a perfer 20 kg. (Estaba en 85 en enero) si consiguiera llegar a los 65 seria feliz, nunca fui muy delgada, pero creo que con ese peso seria feliz. Estaria en el limite de lo adecuado para mi, porque soy bajita, pero me sentiria cómoda y sé q estaria sana, q al final es lo q cuenta.
    No puedo decirte mas sin revelarte mi identidad, pero te diré q cuando te ví en persona estabas estupenda, y me parecia increible que dijeras q tenias problemas de peso. Sé lo que es, sé lo que se sufre y sé lo que hay q esforzarse para conseguirlo, yo aun no he podido, pero tb estoy en ello. Mucho ánimo, desde aquí, y la fuerza de voluntad para seguir adelante está claro que la tienes, por desgracia a ceces el estres es tan puñetero q nos ataca donde más nos duele, pero con paciencia, ayuda y cariño, seguro que podrás, y está claro que son 3 cosas q no te faltan.
    Un beso enorme, Rose. Estás preciosa.

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  2. Wow… Acabo de aterrizar y menuda entrada me encuentro!

    Yo tuve muchísimos problemas con mi peso en la adolescencia, y más o menos me he mantenido hasta después de mi boda sin obsesionarme (en exceso) y sin mis ayunos constantes…
    En menos de un año he llegado a 70 kilos, que no los he pesado nunca, y aunque no me veo bien, y sé perfectamente cómo quitármelos de encima rápidamente, no me quiero volver a obsesionar y prefiero aprender a comer, aunque eso signifique que tardaré mucho más en conseguir adelgazar los 12 kilos que me sobran…
    Un beso y por aquí me tienes :)

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  3. Buenas guapa!
    Cuando lees el apartado “Conóceme” de tu blog y lees que antes empezabas tu presentación diciendo soy gorda, me dolió mucho y no solo eso sino que me identifique. Me siento muy identificada contigo en muchas cosas, yo tambien tengo problemas de peso, ahora mismo estoy poniendo remedio a esos kilos que me sobras que ahora mismo son 8, después de haber perdido ya 7.
    Mi historia con el peso y la comida empezó un poco antes de irme a estudiar fuera pero también se agravó con la comida de la residencia: llena de grasas, y muy lejos de equilibrada. Yo no se quien hacia los menús. En 1º de Bachillerato me harte de ser la gordita, de no sentirme bien y de no quererme, llegando incluso a sentir desprecio por cómo era. Con el apoyo y el esfuerzo económico de mi madre y mi abuela me apunte un nutricionista bueno: control semanal, dieta cada semana y adaptada (si tenía un cumpleaños o una celebración). Cuando la empecé estaba en 76kg, una chica de 16 años para 17 y que medía 1.68 estaba muy por encima de mi peso. Bajé unos 10 kg y me sentía feliz. Fui reina de fiestas de mi ciudad, me podía vestir más o menos con la ropa que me gustaba en las tiendas donde el resto de las chicas de mi edad se compraban la ropa. Durante los tres años de residencia llego el desastre. Como ya he dicho, dieta hiperdesquilibrada (para que os hagáis una idea más de un viernes y más de dos, había pasta para comer y de segundo huevos fritos con patatas; acabe por muchos viernes aguantarme y comer al llegar a mi ciudad, o comer ensaladas que al menos de eso había barra libre). Me puse de buen año como se suele decir por aquí. Para añadir drama al asunto al finalizar el tercer año me entere de que mi novio me ponía los cuernos ¿te imaginas mi hundimiento de autoestima si ya no estaba muy boyante? Después de eso adelgace aunque no todo lo que debía y me mantuve más o menos estable, y entonces llego el año de opositar (soy maestra). Un año sentada estudiando, que lo único que hacía era ejercicio dos días a la semana e ir a la biblioteca. Me puse como cascorro (Junio del pasado año). Cuando termine de opositar dije que ya valía, ahí empezó mi batalla de nuevo. Cuento con un plus de desmotivación. Hay muy cercano a mi y que por mucho que quiera no va a desaparecer de mi vida, que esta delgada cual palo, SIEMPRE me ataca por ahí. Sabe que me hace daño, sabe que con eso me noquea y me deja bloqueada. Y eso todavía me da más rabia. Cuando consiga quererme yo, me da igual lo que ella me diga porque me querré por como soy.
    Tengo 25 años para 26 en un par de meses, y quiero estar bien yo, quererme yo y que no me de vergüenza ajena mirarme en un espejo. Pero va más allá de un cuerpo bonito, es por salud. Tengo tendencia a la mala circulación y los kilos de más no me ayudan en absoluto. Sigo en la batalla procuro comer bien, hago ejercicio dos días por semana, saco al perro y hago algún ejercicio en casa. Mi objetivo es estar sana y cómoda con mi propio cuerpo.
    Ahora dejo de hablar de mi para hablarte a ti, por las imágenes que he visto de ti que has compartido, creo que estas bien ahora. Pero cuando has tenido problemas de peso, y te han hecho tanto daño emocional nunca es suficiente. Eres preciosa por fuera, pero ni quiero contar por dentro. Espero que algún día te vea en persona.
    Animo y ya sabes pasito a pasito las metas llegan! Así que fuerza #WeCa
    Un beso enorme guapa!!! 

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    • Julia! En primer lugar, gracias por el mensaje que me has enviado, me ha llegado hace un ratito al correo y me has emocionado. Mil gracias de corazón! Saber que hay alguien a quien le gusta leerme me hincha de orgullo! Respecto al tema del peso, ya ves cómo voy, como dices nunca es suficiente! Pero bueno para nosotras, que tú me entiendes mejor que nadie, esto es una lucha ya para siempre. Un beso gordo y gracias por tus palabras! 😘😘😘

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