Oscura fue la noche

Buenos días mundo. Las celebraciones navideñas de empresa son el mal, especialmente si tienes ciática. Quiero morir! No hicimos grandes excesos, fue una comida en un sitio chulo de hamburguesas de esos que ahora han salido como setas por Madrid y luego unas copas de tranquis en una terraza. Pero claro, como bebí, no me tomé la medicación y hoy muero de dolor! Menos mal que el alcohol era bueno y no tomé demasiado, porque si a esto tuviera que sumarle una resaca con migrañón incluido, me bajaba del mundo.

Antes de dejaros el monólogo de este sábado, quiero compartir con vosotros un vídeo que me ha impactado bastante. Llevaba días circulando por los muros de Facebook de algunos amigos pero yo no había llegado a darle al play. Y lo he visto ahora, y me ha dejado muy loca porque algo así le ha pasado a la hija de alguien cercano hace apenas unos días.

Querido papá: sé que me protegerás de leones, tigres, armas, coches e incluso sushi, sin pensar siquiera en el peligro para tu propia vida pero, querido papá, voy a nacer niña. Por favor, haz todo lo que puedas para que ése no sea el mayor peligro de todos.

Dear daddy

“Querido papá: me van a llamar puta”.

Me parece mentira que a estas alturas de la película las mujeres aún sigamos teniendo que defendernos, que reivindicar esa igualdad que a mí me parece tan obvia. No somos seres inferiores, pertenencias con las que un hombre puede hacer lo que quiera. Y sin embargo, el hecho de nacer hembras condiciona toda nuestra vida, y algunas llegan incluso a perderla simplemente por eso, por ser mujeres. El pasado 25 de noviembre, que es el día internacional de la violencia de género, una amiga trataba de explicarle por Twitter a un cenutrio esto mismo, y él no lo entendía, amparado en que también hay mujeres que maltratan o asesinan a sus maridos. Sí, personas perturbadas hay en ambos sexos, pero el problema es que a la mujer, por el simple hecho de serlo, se la ha considerado históricamente EN TODO EL MUNDO una ciudadana de segunda categoría.

Y comienza con algo tan sencillo como que un niño le llame puta a una niña. Por favor, no permitamos este tipo de conductas ni en los niños ni en los adultos. Puede ser cuestión de vida o muerte.

Ahora vamos con el monólogo de uno de los capítulos más tristes de Anatomía de Grey. Hace poco hacía referencia a él en un post… Aquí va, junto con una preciosa canción de Adaline llamada Say goodbye (I won’t even):

“He tenido un día terrible”. Lo decimos constantemente. Una discusión con el jefe, una gastroenteritis, un atasco. Decimos que ha sido terrible cuando no ha pasado nada terrible.

Hay cosas que nos destrozan. Una endodoncia, una auditoría de Hacienda, que nos tiren café en la ropa. Pero cuando pasa algo realmente terrible, le rogamos a un Dios en el que no creemos que nos devuelva los pequeños horrores y se lleve éste. Qué absurdas nos parecen ahora, ¿no? La inundación de la cocina, la urticaria, la pelea que nos deja cabreados. ¿Nos habría ayudado conocer el futuro? ¿Nos habríamos dado cuenta de que eran unos buenos momentos?

Anatomía de Grey, temporada 8, capítulo 9.

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