La distancia

Hola queridos, ¿cómo va el sábado? Como os decía ayer, este post está programado ya que estoy de despedida de soltera y desconozco las condiciones en las que me encontraré cuando se publique este post. Tampoco os penséis que teníamos planeada una fiesta muy loca, pero últimamente el alcohol me sienta fatal aunque tome un par de copitas nada más.

Antes de seguir, quiero dedicarle el post a dos personas muy especiales para mí, de las más importantes de mi vida, que hoy cumplen añitos. Mi tía favorita, Mª José, que es uno de mis pilares fundamentales y siempre está a mi lado dándome todo su apoyo. Y su melliza, Marivi, la mujer que me llevó nueve meses en su tripota y me trajo a este mundo, y desde que se convirtió en MI MAMÁ aquel lunes de noviembre hace ya casi 33 años no ha soltado mi mano ni un momento durante todo este camino. Qué voy a decir de ella, si lo es todo… Felices 55 a las dos, OS QUIERO MUCHÍSIMO.

El monólogo de este sábado es de esos que se te agarran a la tripa (Thais, prepara kleenex). Nos habla de cómo para alcanzar el éxito es inevitable fracasar y seguir luchando a pesar de los tropiezos. Nos acompaña un precioso tema de Sleeping at Last llamado Saturn. Feliz inicio de julio!

En 1888 William Williams Keen fue uno de los primeros cirujanos que extirpó con éxito un tumor cerebral. Un gran triunfo. Podéis consultarlo. Lo que será más difícil de encontrar son los relatos de los intentos fallidos de este pionero. Eran inevitables. Un cirujano debe estar preparado para la derrota. En neurocirugía, con los grandes tumores, perdemos tantas batallas como ganamos. Pero lo importante es no frustrarse. El único modo de no frustrarse es luchar. Debes hacerlo hasta que ya no puedas seguir. Levanta la cabeza, salta a la palestra y haz frente al enemigo. Lucha hasta que no puedas seguir luchando. No te sometas. Nunca te rindas. No huyas. No te rindas. Lucha por una buena causa. Lucha aun cuando parezca inevitable que vas a caer luchando.

¿Para qué lo intentamos, si los obstáculos son tan grandes y las probabilidades tan pequeñas? ¿Por qué no tiramos la toalla y nos vamos a casa? Sería mucho más fácil. Lo hacemos porque, al final, no hay gloria en lo fácil. Nadie recuerda lo fácil. Recuerdan la sangre, los huesos y la agonizante lucha hasta la victoria. Y así te conviertes en leyenda.

Anatomía de Grey, temporada 11, capítulo 14.

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