Tú eres mi hogar

¡Hola, amigüitos! ¿Qué tal va el sábado? Yo me he levantado tardísimo, creo que mi cuerpo necesitaba reponerse de los madrugones de la primera semana de curro… Tampoco ha sido tan mala, excepto el viernes. Todos los viernes se convierten en un drama, no entiendo por qué pero es como una regla no escrita. Los clientes despiertan del letargo en el que han estado sumidos durante la semana y se dan cuenta de que necesitan todo para ya. Así que bueno, ya tenemos asumido que para desbloquear el logro Fin de semana tenemos que pasar por ese nivel difícil que es el Viernes de trabajo.

Antes de dejaros el monólogo de hoy, con el que cerramos temporada, quería comentar con vosotros una cosita que he visto en Twitter. Hace algunos días, Juan Gómez-Jurado, que es uno de mis escritores favoritos, compartía una imagen en la que una madre italiana trataba de incentivar el hábito de la lectura en sus hijos con un ingenioso truco. Y no creeréis lo que pasó… (bueno, mejor leed el pequeño artículo de Juan):

Efectivamente, le cayeron críticas por todas partes. Que si el WIFI es más importante que la lectura (madre mía, lo que hay que ver), que si no se puede obligar a alguien a que le guste leer… Yo apoyo 100% el razonamiento de Juan, ya que leer es básico para el desarrollo del lenguaje (que a su vez es esencial para el del pensamiento). Sí estoy de acuerdo con algunos comentarios en que cuando te obligan a leer algo lo disfrutas menos. Las lecturas que nos mandaban en el cole no fueron, a mi parecer, las más adecuadas para hacer que nos picase el gusanillo lector. Por muy obras maestras de la literatura universal que fuesen. Cuando tienes 10 o 12 años, lo que esperas de un libro es que te entretenga, te enganche, te resulte divertido. Y me vais a perdonar pero ¿el Lazarillo de Tormes? No, gracias. Lo leí para hacer el trabajo obligatorio y fin.

Profes de hoy en día, que tenéis la capacidad de cambiar las cosas, escoged varios libros que tengan buena acogida entre el público infantil y dadles a elegir entre ellos a los peques en clase… Y padres, es difícil que los niños adquieran este hábito si no lo ven en vosotros, ¡predicad con el ejemplo!

En fin, ya sabéis lo importante que es para mí la lectura, así que no os voy a dar más la brasa. Os dejo el monólogo de hoy, que habla de quienes forman el hogar de uno. Inevitable acordarme de ese bichito peludo que era mi casa y ahora me cuida desde el puente del arcoiris, y de esa persona que hace que estas cuatro paredes sean un hogar.

Nos acompaña un cover de Running on Sunshine de Golden Age. ¡Disfrutadlo, y el finde también!

En el colegio alguien me dijo que yo venía de un hogar destrozado. Lo decían cuando tus padres se divorciaban, aunque su divorcio fue lo menos destructor que hicieron. Cuando oí eso de niña, me pregunté si en los hogares destrozados vivía gente destrozada. Era una tontería,  pero sólo era una niña. Pero, hasta hoy, aún me lo pregunto.

Puedes construir una casa con cualquier cosa, hacerla lo fuerte que quieras. Pero un hogar es mucho más frágil. Un hogar está hecho de la gente a la que metes en él. La gente puede estar destrozada, claro, pero todo cirujano sabe que eso puede arreglarse. Que las heridas se curan. Que, por mucho que oscurezca, el sol volverá a salir.

Anatomía de Grey, temporada 11, capítulo 24.

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