Oh là là! Toulouse en tres días

¡Hola, queridos! El otro día os preguntaba si os apetecía que preparase un post de mi viaje del pasado fin de semana a Toulouse y, por aclamación popular -vamos, que me lo han dicho mi prima María y mi mariposilla- aquí lo tenéis.

Como ya os he contado, este viaje era el cuarto que hacía con Waynabox. Podréis encontrar más información en su web pero básicamente funciona de la siguiente forma: seleccionas número de viajeros, lugar desde el que saldrás y el fin de semana que te interesa (un finde normal, de viernes a domingo o de sábado a lunes, suele costar 150€, pero por lo que he visto últimamente hay mucha demanda así que los findes salen algo más caros). Este precio te incluye el vuelo y dos noches de hotel a uno de los doce destinos que te ofrecen. Puedes descartar de forma gratuita uno de ellos, y los siguientes tienen un coste de 5€ por destino y viajero. Así hasta que como mínimo dejes 3 opciones para que puedan sorprenderte. Yo normalmente he descartado el gratuito y uno de pago. Y dos días antes de la salida, recibes un correo desvelando el destino y el plan de viaje (información sobre los vuelos, hotel, etc.).

Sé que hay gente que encuentra auténticas gangas en vuelos pero yo no soy de ese tipo de personas, así que como me apetecía dejarme llevar en lugar de planificarlo todo con esa rigidez que me caracteriza, ¡me lancé a la aventura y no paro de repetir!

El caso es que el viernes pasado nos tocó madrugar un montón. Nuestro vuelo salía a las 6.15h, así que yo me levanté a las 3.30h y Bárbara, la amiga con la que viajaba, a las 3h. Al menos ella pudo dormir durante el trayecto, yo no fui capaz. A las 8.30h ya habíamos dejado las maletas en el hotel y nos fuimos a desayunar a un sitio cercano que había visto en un post cuando buscaba info sobre Toulouse: Le Classic Cafe (Av. Honoré Serres, 2). ¡Y qué maravilla el pan francés! Tomamos unas baguettes con mantequilla que estaban espectaculares. Al día siguiente repetimos, pero el domingo cerraban así que tuvimos que cambiar de estrategia desayunil.

Nuestro primer desayuno. Mmm!

Con el estómago contento comenzamos un recorrido que nos llevó de la basílica de Saint-Sernin a la Place du Capitole, pasando por la orilla del Garona. Eso sí, este ha sido claramente un finde gastronómico así que voy a hablaros de los sitios que probamos el viernes. Para comer, reservamos en Le Grenier de Pépé (Rue Denfert Rochereau, 1). Son famosos por las fondues, pero a mediodía no las sirven. Eso sí, probamos las galettes (una especie de crêpes rellenas con jamón, champiñones, queso y otros ingredientes) que estaban para chuparse los dedos.

Estuvimos en un sitio muy malasañero tomando unas cañas, Le Filochard (Place du Pont Neuf, 8). Tenía mucho ambientillo para lo que vimos por allí (teniendo en cuenta que Toulouse es una ciudad llena de estudiantes extranjeros, se ve poca vida el fin de semana, de hecho el domingo hay mogollón de restaurantes cerrados). Después nos fuimos a cenar a Le Rond de Serviette (Place Olivier, 14). Es un sitio chiquitín pero como muy auténtico en el que tienen foie a volonté, es decir, que te ponen todo el que tú quieras. Pedimos un menú que costaba 25€ en el que te incluía embutidos en una cestita muy cuqui y un segundo plato a elegir entre varios (nosotras pedimos magret, nos hemos puesto de pato en este viaje…).

Al día siguiente hicimos un tour con guía en español. Cuesta 12€ pero nos pillamos Pass tourisme, una tarjeta que puedes coger para 24, 48 o 72 horas y que incluye, además de la visita guiada, ida y vuelta en el bus-lanzadera desde el aeropuerto, transporte público y entradas a los principales museos y monumentos de la ciudad. También te descuentan algo en otras atracciones pero eso ya no os puedo decir, porque nos ceñimos a lo esencial. Creo que compensa bastante, porque nos costó 22 euros (la de dos días) y entre el tour y la vuelta al aeropuerto ya estaba amortizada. ¡Y ojalá nos hubiéramos enterado el viernes para cogerla según llegamos!

El sábado, además del tour, vimos muchas cositas por nuestra cuenta e incluso subimos a disfrutar de las maravillosas vistas que nos ofrecía la terraza de Galerías Lafayette. Y también nos pusimos las botas, of course. Para comer optamos por la raclette, que es un plato suizo que consiste en derretir queso del mismo nombre y echarlo por encima de patatas cocidas, todo ello acompañado con pan y embutido. Estaba buenísima, pero no es el plato más adecuado para una intolerante a la lactosa, la verdad. El restaurante donde fuimos se llama Les Fondues de la Daurade (Jean Suau, 1B) y, a pesar de que se les fue la luz en varias ocasiones, comimos bien y las chicas que atienden fueron muy amables. En general, la amabilidad de la gente es algo que nos ha sorprendido de forma muy positiva, porque en casi todas partes nos han tratado fenomenal. Además, una cosa que me ha gustado mucho es que, en cualquier local, según te sientas te sirven una jarra con agua fresca. Aquí en Madrid hay casi que rogar en algunos sitios para que te den un vasito de agua del grifo…

Cassoulet

Por la noche, como dos valientes que somos, nos fuimos a probar otra de las delicatessen de la gastronomía local: la cassoulet. ¿Dónde? En La Cave au Cassoulet (Peyrolieres, 54). Aquí fue donde peor nos atendieron, básicamente porque había dos personas para un comedor grande y totalmente lleno, así que se notaba que no daban para más. La cassoulet, que es como una especie de fabada con pato y la típica salchicha tolosana, estaba bastante rica, aunque creo que quizás recomendaría tomarla a mediodía y buscar otra alternativa de restaurante menos masificado.

Con esta cena tan ligerita nos volvimos dando un paseo al hotel (las distancias no son muy largas y resulta muy fácil orientarse debido a la configuración espacial de la ciudad).

Al día siguiente, y puesto que nuestro amigo de los desayunos estaba cerrado, cogimos unos croissants para tomar por la calle. No os imagináis cómo estaban, seguro que a esos no les hacía Gloria Serra un programa como el de los croissants congelados de Granier. Comenzamos la mañana visitando el Capitole, que sólo puede verse los domingos porque el resto de días hay bodas (nos dijo la guía que hay una boda cada 15 minutos). La parte a la que te dejan acceder es pequeña pero hay unas obras de arte muy espectaculares, sobre todo por su tamaño. Después fuimos de museo en museo y tiro porque me toca, y a la hora de comer ya dimos por finalizado nuestro tour tolosano. Tras ver unas curiosas exposiciones en Les Abattoirs (antiguos mataderos reconvertidos a centro cultural, como el Matadero de Madrid), recalamos en un pequeño restaurante cercano, Bistrot 12 (Place Interieure Saint Cyprien, 12). Allí nos atendieron fenomenal también y nos dimos nuestro último homenaje en forma de crêpe de Nutella -estoy salivando ahora mismo-.

Y esto es lo que puedo contaros de Toulouse, queridos míos. Espero que os haya gustado el post, si os animáis a visitar esta preciosa ciudad francesa no dudéis en consultarme. ¡Feliz fin de semana!

¡Deja tu comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .