Menuda patada a la cabeza

¡Hola, bonitos! ¿Qué tal el primer día de septiembre? Ya me había despistado con el post, lo confieso. Así que, mientras de fondo oigo el gol de Gareth Bale y el posterior empate del Leganés, os voy a contar un poco de estas vacaciones que se me escurren entre los dedos como los pececitos de las cristalinas aguas del Caribe.

Ay, cómo voy a echar de menos el lunes ese trocito de paraíso, despertarme sin obligaciones más allá de disfrutar de un libro tirada en la playa, no oír hablar de lazos amarillos ni del Valle de los Caídos ni de actores que interpretan papeles que no se corresponden con su vida real…

Aunque ha habido algunos detalles que han hecho que este viaje fuese un poquito menos perfecto de lo esperado (ya pondré finos a los del hotel, pero eso lo dejo para TripAdvisor) es verdad que cuando ves esa playa -la de la imagen de cabecera- se te olvida todo, y más si tienes al lado a tu persona favorita en el mundo.

Eso sí, lo confieso, NO ESTOY MORENA, o no en los mismos términos que el resto de la humanidad. En comparación con mi color verdadero (el que tengo en las boobies y en el culillo pajarero) soy medio mulata, chavales. Aunque definitivamente creo que mi melanina no funciona como la de la gente normal. Bueno, ¡volveremos a intentarlo el próximo año!

Voy a ver un trocito de partido, que estoy oyendo que cantan otro gol y me estoy poniendo nerviosa. Eso sí, antes os dejo con un nuevo monólogo de Anatomía de Grey y con esta preciosa canción de Grace Carter, Silence. ¡Feliz noche de sábado y rezad para que supere pronto la depresión postvacacional, que este año va a ser cojonuda!

Hay cien mil millones de neuronas en el cerebro generando y regenerando conexiones. Nos ayudan a calcular. Nos recuerdan dónde encontrar las llaves. Trabajan a todas horas. Cuando el cerebro falla, regenerar las conexiones es difícil, no hay margen de error. Cuando te van a operar, te preocupa no despertarte. Pero, cuando te operan el cerebro, te preocupa despertarte y que no estés ahí.   

El problema de los cables cruzados es que no sabes que están así hasta que es tarde. Hay que tener cuidado con las conexiones. Necesitan tiempo, cuidado y atención. Requieren estar alerta y ser tenaz. Reconectamos todo lo que podemos, con mucho cuidado. Luego sólo nos queda rezar para haberlo hecho bien.

Anatomía de Grey, temporada 14, cepítulo 4.

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