«Lo que nos quieren vender aquí»

Esta mañana, alguien me preguntó qué tal en Cuba. Le dije que me había gustado pero que me dolía ver cómo vivía esa gente, sin casi nada. «Eso es lo que nos quieren vender aquí», fue su respuesta. La conversación tomó otros derroteros porque no íbamos a discutir por temas de política y menos con la depre de estar acabando las vacaciones, pero yo me he quedado dándole vueltas al coco.

Desde luego ni soy analista política ni me precio de ser una experta en la situación de España y sus soluciones. Sólo sé lo que yo quiero para mi país, del que me gustaría estar profundamente orgullosa más veces de las que lo consigo (lo que suele suceder cuando nuestros excepcionales deportistas logran alguna gesta, cuando dicen que estamos a la cabeza en las donaciones de órganos o cuando nos echamos a la calle por causas que considero justas y solidarias).

Sí creo, sin embargo, que estamos muy confundidos cuando nos empeñamos en dividir al país entre comunismo o fascismo. Las cosas no son siempre o blancas o negras, hay una amplia gama de grises entre medias. Y en mi opinión es ahí, en esos grises, donde se mueve la mayoría de la población. Porque os puedo asegurar que, aunque me considere de izquierdas, desde luego no me siento nada cerca del comunismo y menos después de haber estado en Cuba (por cierto, los cubanos también aman a su país por encima de todo, la diferencia con nuestros patriotas de pulserita y cuenta en Suiza es que ellos realmente han hecho un gran sacrificio, cosa que no creo que hicieran los de aquí).

Lo que sí quiero es que toda la gente que vive en España tenga unos derechos básicos garantizados por el Estado, porque para eso pagamos impuestos, no para que se los lleve el político de turno y luego nunca les pase nada.

Me gustaría que las infraestructuras que han sido construidas gracias a estos impuestos, como los hospitales, no pasen a manos privadas que sólo piensan en beneficios y no en personas. También quiero que la sanidad pública funcione mejor aún, reduciendo listas de espera, aumentando tiempos necesarios para cada paciente, etc. Que la ley de dependencia realmente sea una ayuda para quienes lo necesitan. Que se garantice una educación pública de calidad y gratuita (o no demasiado costosa) desde que los bebés tienen que ir a la guarde hasta que salgan con un título (universitario, de FP…) que les dé la oportunidad de optar a un trabajo digno con un sueldo decente sin tener que emigrar. Que el salario mínimo interprofesional no sea una vergüenza y que se trabaje en políticas que ayuden a los parados de larga duración, a la gente más mayor, a reincorporarse al mercado laboral. Que la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad en todos los planos pero especialmente en el laboral, y que se apueste por facilitar no sólo la conciliación, sino que tengamos unos horarios racionales de trabajo que nos permitan una vida más allá de él. Que, una vez los trabajadores se jubilan, sus pensiones sean dignas y aumenten año a año en la proporción justa. Que la gente pueda expresar libremente su opinión, aunque sea una opinión de mierda, sin leyes Mordaza, sentir que hay un doble rasero y que algunas instituciones huelen a rancio y a compradas. Que, de alguna forma, no se pueda especular hasta dar asco con el precio de la vivienda o el de servicios básicos como la luz o el gas. Y muchas más cosas (violencia de género, derechos de las mujeres, políticas de inmigración…), hay tantas que seguro que me dejo un montón, pero ya veis por dónde voy.

Y creo que esto no es ser comunista, sino coherente, lo que me extraña es que la gente normal y trabajadora no quiera lo mismo, la verdad. No estoy en contra de que las empresas que invierten su dinero en crear puestos de trabajo obtengan grandes beneficios, pero pueden hacerlo de forma justa sin machacar a las personas que, como yo, nos levantamos cada mañana para cumplir con nuestra parte del trato.

Me joden bastante, sin embargo, los argumentos de quienes lo han tenido todo mucho más fácil por venir con un fajo de billetes bajo el brazo y hablan a los demás como si quisiéramos que el Estado nos sacase las castañas del fuego porque no valiésemos nada por nosotros mismos. Claro que creo en la meritocracia pero, ¿realmente algunos estáis convencidos de que tenéis ciertos puestazos porque sois la polla y no hijos/sobrinos/maridos de…? Habría que ver cómo jugábais en igualdad de condiciones.

También me fastidia que desde los medios de comunicación nos manipulen hacia un lado o hacia el otro, desviando la atención de la gente con tonterías para tenernos entretenidos. Y lo peor es que caemos.

A día de hoy, me embarga la desesperanza. No hay más que echar un vistazo a Twitter para ver que quienes tenemos que luchar juntos por todas estas cosas jamás vamos a ser capaces de aparcar nuestras diferencias para lograr algo bueno. Esto se ha convertido en un «Y tú más» agotador y yo, desde luego, no me siento representada por ningún partido político.

¿Qué esperanza tenemos cuando medio país está enfrentado al otro medio por unos lazos amarillos, por ejemplo? ¿Alguien ha tratado de sentarse a escuchar a los catalanes que no se sienten identificados ni con quienes los colocan ni con quienes los retiran? Nuestros políticos sólo buscan agitación y enfrentamiento en lugar de comprensión y diálogo, menuda imagen estamos dando a nivel internacional. Pero ya se sabe, a río revuelto… Vamos a terminar en una intervención militar y otra dictadura y me temo que no tardando.

En fin, siento la chapa. Es sólo que hacía mucho que no me daba un brote de estos y necesitaba soltarlo. Si queréis comentar/debatir algo respetuosamente, estaré encantada de intercambiar opiniones. Los marrulleros a los que les llegue el post mejor que no se molesten, que no tengo ninguna gana. Gracias por leerme y feliz domingo.

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