Vamos todos al bar

¡Hola, queridas y queridos!

¿Cómo va la semana? Aquí estoy de nuevo, impredecible e inesperada. Acabo de terminar de darle clases de inglés a mi primo pequeño y creo firmemente que la docencia no es lo mío. Pero parece que no se aburre demasiado y que algo está aprendiendo, así que ni tan mal.

Este verano está siendo un poco raro para mí. Como actualmente mi ocupación principal es la de estudiante, estoy de semivacaciones hasta finales de septiembre que retomemos el Máster y no me acuerdo ya de cómo iba esto. Otras veces como mucho conseguía juntar tres semanas en las que además estaba siempre pendiente del teléfono de empresa (mal hecho por mi parte, lo sé) y el año pasado estaba ultimando los preparativos de la boda. Qué fuerte que ya haga casi un año y qué suerte que no estuviera planeada para este 2020, con lo agonías y obsesa del control que soy si tengo que posponerla me hubiera dado un parraquito.

Lo bueno es que tengo mil libros de Psicología para leerme y seguir formándome aunque sea extraoficialmente y que podré dedicarme a hacer cursos online, a disfrutar de lecturas y series pendientes… No sé si os lo dije en la entrada anterior, pero estoy con This Is Us y me está chiflando (eso sí, drama todo el rato). Anoche terminamos la última temporada de 13 Reasons Why que ha sido un poco meh aunque con algunos grandes momentos. Y nada, que voy a parar de soltar el rollo y os voy a poner ya el monólogo, que habla del sentimiento de hogar. Os dejo también un tema muy chulo de Lyra que se llama Falling. ¡Disfrutad!

Si hay algo que oigo decir a mis pacientes más que «sálveme la vida» es «quiero irme a casa». Es raro pasarte la vida en un sitio que casi todos odian. Pero este hospital en concreto es donde crecí y están mis mejores recuerdos. Es mi hogar, aunque sea un hogar roto.

No todos entienden lo mismo por hogar, a veces es una persona. El hogar puede ser una sensación. Para quienes venimos de hogares disfuncionales, esa sensación es el caos. Vemos en la familia un drama. No es de extrañar que los que venimos de hogares rotos nos crezcamos con el dolor y la destrucción.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 9.

Mi turno

Una de las cosas más bonitas que nos enseñan en Psicología es la ASERTIVIDAD. Es, ni más ni menos, la capacidad de defender tus derechos sin invadir los derechos de los demás. Si la vemos como conjunto de derechos, serían los siguientes:

  • Derecho a ser tratada con respeto y dignidad.
  • Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
  • Derecho a ser escuchada y tomada en serio.
  • Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis decisiones.
  • Derecho a decir NO sin sentir culpa.
  • Derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta que los demás tienen derecho a decir NO.
  • El derecho a cambiar.
  • El derecho a cometer errores.
  • El derecho a pedir información y ser informada.
  • El derecho a obtener aquello por lo que pagué.
  • El derecho a decidir no ser asertiva.
  • El derecho a ser independiente.
  • El derecho a decidir qué hacer con mi tiempo, cuerpo y propiedades sin que se violen derechos de los otros.
  • El derecho a tener éxito.
  • El derecho a gozar y disfrutar.
  • El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertiva.
  • El derecho a superarme, aun superando a los demás.

Supongo que así puede parecer algo lógico y fácil de conseguir, pero nada más lejos de la realidad. Sobre todo porque no siempre somos conscientes de que tenemos estos derechos. Y, aun siéndolo, hay emociones como la culpa que nos impiden ejercerlos, porque pensamos que no estamos siendo buenas personas, que a lo mejor los demás nos necesitan… Pero cuando no nos hacemos valer, cuando no nos damos la importancia que merecemos, también nos sentimos mal porque nos traicionamos a nosotr@s mism@s.

Si os preguntáis a qué viene esta chapa pues os diré que, aparte de que creo que es superinteresante y que nunca está de más conocerla, pues a mí también me cuesta priorizarme y establecer ciertos límites. Y me he dado cuenta en el confinamiento de que parece que, como estás en casa o como tienes el móvil en la mano casi siempre, debes estar disponible 24/7. Y mira, no. Porque hay personas que nunca lo están para ti y tampoco pasa nada. Y porque si no te apetece contestar a un mensaje o una llamada, ya lo harás cuando tengas ganas. No tienes que justificarte ni ante nadie ni ante ti.

Hala, soltado el rollo, volvamos a cosas más prosaicas. Ya he terminado el primer curso del Máster (del Universo) y los resultados han sido bastante buenos, así que aprovechando la excusa, ahora toca celebrar. Pero siempre con precaución y con las medidas de seguridad adecuadas, porque me da que vamos de cabeza a otro confinamiento. ¿Vosotros qué planes tenéis para este verano tan extraño?

Ahora me voy a dedicar un ratito a la lectura, que lo último de Joël Dicker me tiene enganchada perdida (como todo lo que ha escrito este suizo tan majo). Os dejo con el monólogo de un capi que me emocionó bastante y con una canción preciosa de Lindsey Ray que se llama Keep You Safe. Feliz tarde de jueves!

Cuando firmas el consentimiento antes de una operación, te hacemos unas preguntas. En caso de una complicación fatal, ¿quiere que usemos medidas extraordinarias para prolongar su vida? Si se le para el corazón, ¿le practicamos la RCP? ¿Quiere que le den una violenta descarga de 360 julios? ¿Da permiso para que le inyecten adrenalina o le metan un tubo por la garganta? ¿Hasta dónde quiere llegar para seguir vivo?

Las medidas extraordinarias tienen un precio, quizá estés vivo pero quizá la vida no es la que recordabas. Quizá te cueste mover el cuerpo o hayan desaparecido algunos sentimientos. Y puedes tardar en recuperarte. Es una decisión muy difícil. Debes decidir si vale la pena.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 8.

Papa don’t preach

Mes y medio desde que no pasaba por aquí. Me vais a tener que perdonar, pero la cuarentena me tiene estresada perdida. Entre las exigencias propias de la recta final de curso (clases, estudiar para los exámenes, redactar la memoria de prácticas) y otras tantas que me impongo yo solita (un poco como estrategia de evitación para no pararme a pensar en la que está cayendo) solo me doy un poco de respiro los fines de semana.

Creo que hoy voy a salir a dar un paseo por primera vez desde que es posible hacerlo. De momento, prefiero ser bastante cauta porque ahora mismo, mientras escribo, veo por la ventana a gente que se está pasando las normas por el forro. Así que prefiero seguir siendo responsable y precavida a nivel individual. Y tratar de sobrellevar mejor que haya quien no lo esté siendo y encima culpe a los demás de su propia estupidez. Hasta aquí la queja, que solo me sirve para cabrearme y buena gana.

El confinamiento es un gran momento para ponerse al día con cositas de ocio pendientes como lecturas, series y pelis. Eso sí, al que le apetezca y sin imponerse la productividad como servidora, que exigirse tanto no es muy bueno. Aunque voy un poquito tarde con lo del pan, el otro día conseguí levadura así que quizás lo intente este finde entre capítulo y capítulo de Valeria, la serie que Netflix estrena el sábado (en 190 países, que no sabía yo ni que había tantos) y que está basada en los libros de la maravillosa Elísabet Benavent. Querida, te mereces todo el éxito del mundo así que espero que la serie sea un pelotazo. El viernes me tomaré una a tu salud y a la de tus chicas.

También me estoy dedicando a jugar al Medievil, que es un juego de la Play de cuando era yo adolescente y que han reeditado para PS4. Tengo la misma habilidad o menos que un simio tocando el violín pero yo lo intento y ya casi me he pasado el juego. Y hasta aquí el relato de mi confinamiento.

Ahora me voy a poner mi mascarilla y mis guantecitos y me voy a pasear con mi señor esposo, que creo que nos vendrá bien y nos ayudará a dormir un poco mejor. Pero antes os voy a dejar dos canciones. La primera es la que da título al post, es que no he podido evitarlo. Grandísima y jovencísima Madonna con su Papa Don’t Preach.

 

La segunda forma parte de la banda sonora del episodio. Se llama Life In The City y es de The Lumineers. Espero que disfrutéis mucho de la música, del monólogo y de esta tarde-noche de miércoles. ¡Feliz semana!

Hablar con la familia de un paciente es un curso intensivo de nervios de acero. Una palabra poco acertada o un mal gesto pueden causar daños irreparables. Lo ideal es que te toque una familia que solo piense en el bienestar de su ser querido, pero no suele ser el caso. Al cirujano se le exige, sobre todo, que diga la verdad. Y la verdad es problemática.

Nervios de acero. Una palabra poco acertada, un mal gesto… pueden causar daños irreparables. Céntrate en los hechos: qué pasó, cuál fue el problema y qué hiciste. Toma distancia. Contesta directamente, no es tu pérdida, no es tu dolor, no te centres en ti. Si no hay nada positivo, no te lo inventes. Tu deber es dar la mala noticia. Aunque también estés triste y no te sientas como un médico, eres una persona más cayendo en la oscuridad.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 7.

Al mal tiempo, buena cara

Buenos días, mundo.

Hoy al despertar me encontré con dos sorpresas. La primera la sentí en la cara y se confirmó al mirarme en el espejo: un enorme herpes me adorna el espacio entre la nariz y el labio. No diré que ha sido algo inesperado, la verdad es que estaba tardando en aparecer, habida cuenta de que el caldo de cultivo no podría ser más idóneo (estrés y bajada de defensas). La segunda sorpresa me la encontré al subir la persiana: en Madrid está nevando. Unos pocos copos caen de forma casi tímida, como sin querer hacerlo. A mí siempre me ha parecido precioso ver nevar, además es como si el cielo quisiera ayudarnos a que fuera más fácil cumplir con el confinamiento.

Porque hay días que no resulta sencillo. Os lo dice una que lleva en casa desde el martes 10, con escasas cuatro salidas a la compra y la última hace ya más de una semana. En estos días no es el encierro en sí lo que más me agobia, sino el no poder estar al lado de mi gente que lo está pasando mal. Familiares y amigos enfermos o que están perdiendo a sus seres queridos por el bicho este o por la causa que sea y a los que no puedo dar un abrazo y reconfortar un poco con mi presencia física.

Y es que si ya es duro que se te vaya alguien a quien quieres mucho en cualquier circunstancia, en este momento y con todas las restricciones impuestas por seguridad es aún peor. Por eso me gustaría que este post fuera mi forma de decir que, aunque nos separe la distancia, estoy ahí para todas las personas que me necesiten.

Otra vez creo que el monólogo de hoy parece escrito expresamente para nosotros. En mi caso, las pesadillas siguen noche tras noche. Sé que son fruto del estrés y trato de restarles importancia, pero se agradecería lo de tener un sueño reparador de vez en cuando.

No tengo mucho más que contar, así que os dejo ya con esto y con una canción de Hudson Thames que se llama Bigger Than Us. Mucha fuerza, gente bonita. Os abrazo en la distancia.

Existe la teoría de que las pesadillas son un mecanismo del cerebro para asimilar sucesos del pasado. Otros piensan que son la forma que tiene el inconsciente de prepararnos para afrontar nuestros miedos. Pero todos están de acuerdo en que las pesadillas suele provocarlas una cosa: el estrés. 

A veces, tu pesadilla se hace realidad, pero ves que no era para tanto. A veces descubres que lo que más miedo te da es una bendición y que tu vida es mejor porque perseveras pese a tus miedos. Pero a veces tu peor pesadilla da miedo y parece que no va a acabar nunca. El apoyo de la familia y los amigos es vital. Quieres rodearte de gente que te despierte de tu pesadilla y que te ayude a vivir tus sueños.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 6.

Respira otra vez

Hoy es martes 17 de marzo y llevo OCHO DÍAS encerrada en casa (salvo tres momentos puntuales en los que he bajado a comprar lo esencial). No voy a explayarme mucho porque ya sabéis a qué se debe este encierro primero voluntario y luego forzoso, pero sí que os puedo contar que a lo largo de este período he pasado por muchas fases y emociones que sigo experimentando a diario.

Hay negación y confusión, porque no entiendo por qué tiene que pasar algo así y a veces me parece hasta una peli o una pesadilla. Hay tristeza por razones obvias, ya que las consecuencias que tendrá esto a corto, medio y largo plazo son muy poco alentadoras. También cabreo, por la saturación informativa con este tema, que parece que ya no tenemos nada más de lo que hablar (es evidente que es importante, pero creo que es esencial cambiar un poquito el foco por salud mental). Y, sobre todo, predomina la ansiedad, que se traduce en mi caso en un nudo en la garganta, presión en el pecho y sensación de falta de aire. ¿Lo bueno? Que poder ponerle nombre a todo esto ayuda a controlarlo en cierto modo. Diréis que en casa de herrero, cuchillo de palo, pero es supernormal sentirse así en una situación tan anormal como la que estamos viviendo.

Tengo la suerte de seguir dando clases online así que al menos estoy entretenida y me siento más útil. Además me he propuesto seguir una serie de rutinas para no dejarme arrastrar por la desidia y hacer cosas que me hagan sentir bien. Escribir aquí siempre me resulta liberador, así que imaginad cuando he visto el título y el contenido del monólogo, casi me ha parecido una señal. La señal de que volveremos a respirar y que saldremos de esta.

Os dejo para que lo leáis y me digáis. Nos acompañará Elle King con este Little Bit Of Lovin’. Y si durante estos días necesitáis desahogaros con alguien, no dudéis en contar conmigo. Aunque yo también tenga malos ratos, estoy disponible para quien haga falta. Cuidaos mucho, seguid las recomendaciones de las autoridades y pensad no sólo en vosotros sino en los más vulnerables, es nuestra responsabilidad proteger a los demás y no dejar que esto se extienda incontroladamente.

Besos desde la distancia y la seguridad de estar al otro lado de la pantalla.

Los mejores especialistas en trauma han demostrado que, aunque nuestros cerebros puedan olvidar los traumas a los que sobrevivimos, nuestros sistemas nerviosos siempre llevan la cuenta. Los recuerdos se almacenan en hombros, columnas o estómagos sin que nos demos cuenta. Creemos que un dolor de espalda o un temblor de manos es inofensivo, podría no serlo. Podrían ser nuestros cuerpos recordándonos lo que sufrimos para que no vuelva a pasar. 

El trauma no sabe de tiempo, ni si tenemos 8 o 41 años, si los niños tienen la varicela o si vas a hacer la operación más importante de tu vida. Si nos pilla desprevenidos, es fácil pensar que hemos vuelto al punto de partida. Aun cuando nuestro cerebro nos convence de que estamos perdidos, si ponemos empeño nuestros cuerpos nos recuerdan que puedes recobrarte. Y nos prepara para lo que nos espera.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 5.

 

Están lloviendo hombres

¡Buenos días de miércoles! No me esperabais hoy, ¿eh? Pues fijaos las ganas que tendré de estudiar que, después de bajar al gimnasio, ducharme, hacer unas cosillas que tenía pendientes y pasar la Roomba por toda la casa, he decidido sorprenderos.

Es que la asignatura que me toca es información práctica que tienes que saber para empezar a currar como psicóloga pero que como temario de examen es un poco meh. De hecho lo tengo mañana y estoy empezando ahora porque ayer tuve otro mucho más importante y le dediqué todas mis energías. Me salió bien, pero esperaba en la parte teórica otro tipo de preguntas en las que, más que soltar listas de datos sin ton ni son, pudieras demostrar que entendías de verdad cada trastorno. En fin, nunca llueve a gusto de todos.

Y hablando de llover, he tenido que consultar en el DPD de la RAE si se podía poner «están lloviendo hombres» en vez de «está lloviendo hombres» para el título del post. Menos mal que sí, porque me sonaba rarísimo.

Anatomía de Grey ya ha vuelto tras su parón de mitad de temporada y está muy interesante, de momento os dejo con este monólogo y un tema de Club Yoko que se llama New New. Servidora va a tratar de concentrarse un poco, deseadme suerte.

Si en un quirófano sientes que llega el desastre es porque a veces por desgracia es así. Una vez estaba haciendo una apendicectomía, algo rutinario, y mi paciente sufrió una embolia gaseosa. El dióxido de carbono que le introdujimos en el abdomen llegó a su sangre. Su presión arterial bajó mientras la microburbuja iba hacia su corazón sembrando el caos. Le hice la RCP para que su cerebro siguiera teniendo riego. Le pusimos una vía rápidamente, pero sus pulmones ya se estaban encharcando. Mi apendicectomía se convirtió en un fallo multiorgánico y no podía hacer nada por detenerlo. 

Cada vez que entro en un quirófano, me preparo para lo peor. No es una garantía de que todo saldrá bien, pero sí de que cuando surja un imprevisto y el desastre se avecine, habrá menos probabilidades de que todo te supere.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 4.

Reunidos

¡Buenas tardes, queridas y queridos!

¿Cómo lleváis el fin de semana? Yo estaba inmersa en el temario de Adultos II, pero he decidido hacer una pausita para desconectar y de paso compartir con vosotros un nuevo monólogo. No me tengáis en cuenta el abandono al que os he acostumbrado, es que no está siendo un principio de año fácil para mí. Sé que sabréis entenderlo…

Lo bueno es que lo que estoy estudiando me sirve para hacerme un poco de terapia a mí misma y poner las cosas en perspectiva. Eso y la cantidad de gente increíble que está siempre a mi lado y para quienes no puedo tener más que palabras de agradecimiento, ya sabéis quiénes sois y lo mucho que os quiero ❤️

Ahora toca volver a chapar, que tengo los exámenes a la vuelta de la esquina, pero antes os dejo con Forest Blakk y su Put Your Hands Up para acompañaros en un monólogo que nos habla de cómo hay veces que, por más que tratemos de ignorar algunos problemas, no desaparecerán si no los resolvemos. Que tengáis una feliz tarde de sábado.

 

En los albores de la medicina, los médicos hablaban de la curación como una reunión. Al cerrar a un paciente, conectamos tendones, reparamos un hígado, reunimos el tejido… recuperando lo que había antes. Con suerte es una reunión feliz. Todo se complica si no lo conectamos bien, o peor, si reunimos dos cosas que estaban mejor separadas.

Hacemos lo posible por reunir las células y el tejido sanos. Si lo hacemos bien, hay otra reunión: la de los pacientes con sus familias, sus seres queridos, sus vidas. Esas reuniones también son difíciles. Si tenías problemas antes de entrar en el quirófano, no desaparecerán cuando te cures. Algunas cosas mejorarán, otras empeorarán. Cuando bajas la guardia, puedes tomar un camino peligroso.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 3.

Vuelta a la acción

Último día de este 2019 que ha sido un año tan agridulce para mí. No haré balance, creo que no sirve de mucho. Pero sí voy a hacerme unos cuantos propósitos que comparto aquí con vosotros.

Para 2020 quiero ser capaz de priorizarme cuando lo necesite sin sentirme culpable. Hacer que los míos se sientan más queridos (aunque no os lo creáis, no soy el ser más expresivo del mundo). Quiero poder decir no sin remordimientos. Quiero permitirme cometer errores y aprender de ellos. No exigirme tanto, no juzgarme tan duramente ni hacerlo tampoco con el resto de la gente. Me gustaría tener más presente que si los demás se comportan de una determinada forma es porque han aprendido a hacerlo así y no saben otra manera. Ponerme más en el lugar de los otros sin perder de vista que yo también soy importante.

Quiero no estar obsesionada con lo que marca la báscula o con la talla de ropa. Aprender muchísimo de todo lo que estoy estudiando en el cole para, cuando termine, poder ayudar a quien lo necesite. No obligarme a acabar series o libros que no me gusten. No perder el tiempo con cosas absurdas. Quiero seguir caminando al lado de mi marido, mi familia y toda esa gente bonita que siempre está a mi lado sin importar los kilómetros y los husos horarios que nos separen. Y, sobre todo, quiero que el próximo 31 de diciembre no falte nadie en la cena. En definitiva, quiero ser un poquito más feliz.

Y ahora os dejo con un nuevo monólogo de Anatomía de Grey que es muy congruente con mi estado de ánimo. Nos acompaña Andy Grammer con este precioso tema llamado Don’t Give Up On Me.

Os deseo una noche muy especial y un año nuevo mejor aún.

Cuando enfermamos, nuestros cuerpos lanzan una defensa coordinada, la respuesta inmunitaria. Si se detecta un germen, un equipo de glóbulos blancos, proteínas y sustancias químicas lanzan un ataque. Esas células atrapan a los invasores y se aferran a ellos destruyéndolos. O, al menos, es lo que deberían hacer. La capacidad del cuerpo para volver depende de lo que tengas para luchar y de tu fortaleza.

Tras haber estado enfermos, nuestros cuerpos se acuerdan. Aprendemos del pasado y desarrollamos herramientas para adaptarnos. Cuantas más veces superemos algo, mejor podremos afrontarlo si vuelve a pasar. Nuestros cuerpos están listos para contraatacar, o eso creemos. A veces lo desconocido lo libera todo.

Anatomía de grey, temporada 16, capítulo 2.

Nada a lo que aferrarse

¡Buenos días, amiguitas y amiguitos! Sí, he escogido para volver al blog justo el día en que cumplo 35. Dios, qué crisis, ya me veo enfilando la cuarentena y me dan los siete males. Aun así, me encanta que llegue el 26 de noviembre, no lo voy a negar. Aparte de los mensajitos, las llamadas y los mimos en general, tengo la sensación de empezar algo nuevo y los principios me parecen emocionantes, aunque a veces asusten un poco.

El año que dejo atrás ha sido a la vez de los más especiales y duros que he vivido. Ha habido cosas increíbles, como casarme con el amor de mi vida rodeada de toda nuestra gente, o esa pedazo de luna de miel, los preparativos… También personas bonitas que han llegado para quedarse y compensar por quienes han decidido que nuestros caminos se separaran. Las partes malas entended que me las ahorre. Al final todo sirve para aprender y para seguir con más fuerza.

Si me seguís en redes sociales sabréis ya que he vuelto al «cole». A pesar de que en un principio parecía imposible conseguir plaza, en septiembre empecé el Máster de Psicología General Sanitaria. Quiero pensar que me está sirviendo no solo para abrirme más opciones de futuro sino también para comprenderme mejor a mí misma y a quienes me rodean. (Nota: no ha habido forma humana de hacer que este párrafo quedase justificado, sorry).

No os puedo contar mucho más. Que gracias por hacerme saber que echabais de menos los monólogos de Anatomía de Grey, que espero que los estudios me permitan sacar un hueco todas las semanas para compartirlos con vosotros pero que si no lo consigo, no me odiéis por ello, y que si vais al día con la temporada 16 la estéis disfrutando tanto como yo. Sigo boquiabierta con la mid-season finale y no sé cómo voy a aguantar hasta finales de enero. Para este primer episodio llamado Nada a lo que aferrarse, nos acompañan Mumford&Sons con su Guiding Light.

Feliz semana ;)

Los órganos del cuerpo humano tienen funciones muy distintas. Las células que los forman actúan independientemente del resto. En un cuerpo sano, las células aparentemente independientes dependen de que las otras funcionen. Porque cuando un órgano no funciona, los otros no pueden hacerlo por mucho tiempo. 

Igual que los órganos son codependientes para sobrevivir, los seres humanos también. Los estudios demuestran que la felicidad depende de que nuestras relaciones funcionen y de que crezcan. A veces lo mejor es soportar el peso del otro y aliviar el dolor mutuo. Y cogernos las manos en la oscuridad.

Anatomía de Grey, temporada 16, capítulo 1.

Nos vemos en unos meses…

Queridas y queridos:

Sé que no esperabais este post y es que, si todo va según lo previsto, ahora mismo estaré llegando a mi propia boda. He dejado esto programado con bastante antelación así que crucemos los dedos ;)

Como sabéis, la semana pasada publicaba el monólogo del último episodio de Anatomía de Grey emitido hasta la fecha, así que hasta que se vuelvan a emitir nuevos capítulos doblados (imagino que hacia mediados de octubre), servidora se toma un descanso del blog. Me hace falta desconectar y no estar pendiente de lo que casi considero ya más una obligación que algo que hacía porque me gustaba, y es que han sido más de seis años publicando cada semana. Espero que lo entendáis.

Ahora os dejo, voy de camino al que será uno de los días más especiales de mi vida, pero antes quiero daros las GRACIAS por haber estado del otro lado leyendo lo que os contaba. Os dejo una canción de despedida y nos seguimos leyendo en Twitter o Instagram. ¡Que tengáis unos meses muy felices!