Nos vemos en unos meses…

Queridas y queridos:

Sé que no esperabais este post y es que, si todo va según lo previsto, ahora mismo estaré llegando a mi propia boda. He dejado esto programado con bastante antelación así que crucemos los dedos ;)

Como sabéis, la semana pasada publicaba el monólogo del último episodio de Anatomía de Grey emitido hasta la fecha, así que hasta que se vuelvan a emitir nuevos capítulos doblados (imagino que hacia mediados de octubre), servidora se toma un descanso del blog. Me hace falta desconectar y no estar pendiente de lo que casi considero ya más una obligación que algo que hacía porque me gustaba, y es que han sido más de seis años publicando cada semana. Espero que lo entendáis.

Ahora os dejo, voy de camino al que será uno de los días más especiales de mi vida, pero antes quiero daros las GRACIAS por haber estado del otro lado leyendo lo que os contaba. Os dejo una canción de despedida y nos seguimos leyendo en Twitter o Instagram. ¡Que tengáis unos meses muy felices!

 

 

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«Lo que nos quieren vender aquí»

Esta mañana, alguien me preguntó qué tal en Cuba. Le dije que me había gustado pero que me dolía ver cómo vivía esa gente, sin casi nada. «Eso es lo que nos quieren vender aquí», fue su respuesta. La conversación tomó otros derroteros porque no íbamos a discutir por temas de política y menos con la depre de estar acabando las vacaciones, pero yo me he quedado dándole vueltas al coco.

Desde luego ni soy analista política ni me precio de ser una experta en la situación de España y sus soluciones. Sólo sé lo que yo quiero para mi país, del que me gustaría estar profundamente orgullosa más veces de las que lo consigo (lo que suele suceder cuando nuestros excepcionales deportistas logran alguna gesta, cuando dicen que estamos a la cabeza en las donaciones de órganos o cuando nos echamos a la calle por causas que considero justas y solidarias).

Sí creo, sin embargo, que estamos muy confundidos cuando nos empeñamos en dividir al país entre comunismo o fascismo. Las cosas no son siempre o blancas o negras, hay una amplia gama de grises entre medias. Y en mi opinión es ahí, en esos grises, donde se mueve la mayoría de la población. Porque os puedo asegurar que, aunque me considere de izquierdas, desde luego no me siento nada cerca del comunismo y menos después de haber estado en Cuba (por cierto, los cubanos también aman a su país por encima de todo, la diferencia con nuestros patriotas de pulserita y cuenta en Suiza es que ellos realmente han hecho un gran sacrificio, cosa que no creo que hicieran los de aquí).

Lo que sí quiero es que toda la gente que vive en España tenga unos derechos básicos garantizados por el Estado, porque para eso pagamos impuestos, no para que se los lleve el político de turno y luego nunca les pase nada.

Me gustaría que las infraestructuras que han sido construidas gracias a estos impuestos, como los hospitales, no pasen a manos privadas que sólo piensan en beneficios y no en personas. También quiero que la sanidad pública funcione mejor aún, reduciendo listas de espera, aumentando tiempos necesarios para cada paciente, etc. Que la ley de dependencia realmente sea una ayuda para quienes lo necesitan. Que se garantice una educación pública de calidad y gratuita (o no demasiado costosa) desde que los bebés tienen que ir a la guarde hasta que salgan con un título (universitario, de FP…) que les dé la oportunidad de optar a un trabajo digno con un sueldo decente sin tener que emigrar. Que el salario mínimo interprofesional no sea una vergüenza y que se trabaje en políticas que ayuden a los parados de larga duración, a la gente más mayor, a reincorporarse al mercado laboral. Que la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad en todos los planos pero especialmente en el laboral, y que se apueste por facilitar no sólo la conciliación, sino que tengamos unos horarios racionales de trabajo que nos permitan una vida más allá de él. Que, una vez los trabajadores se jubilan, sus pensiones sean dignas y aumenten año a año en la proporción justa. Que la gente pueda expresar libremente su opinión, aunque sea una opinión de mierda, sin leyes Mordaza, sentir que hay un doble rasero y que algunas instituciones huelen a rancio y a compradas. Que, de alguna forma, no se pueda especular hasta dar asco con el precio de la vivienda o el de servicios básicos como la luz o el gas. Y muchas más cosas (violencia de género, derechos de las mujeres, políticas de inmigración…), hay tantas que seguro que me dejo un montón, pero ya veis por dónde voy.

Y creo que esto no es ser comunista, sino coherente, lo que me extraña es que la gente normal y trabajadora no quiera lo mismo, la verdad. No estoy en contra de que las empresas que invierten su dinero en crear puestos de trabajo obtengan grandes beneficios, pero pueden hacerlo de forma justa sin machacar a las personas que, como yo, nos levantamos cada mañana para cumplir con nuestra parte del trato.

Me joden bastante, sin embargo, los argumentos de quienes lo han tenido todo mucho más fácil por venir con un fajo de billetes bajo el brazo y hablan a los demás como si quisiéramos que el Estado nos sacase las castañas del fuego porque no valiésemos nada por nosotros mismos. Claro que creo en la meritocracia pero, ¿realmente algunos estáis convencidos de que tenéis ciertos puestazos porque sois la polla y no hijos/sobrinos/maridos de…? Habría que ver cómo jugábais en igualdad de condiciones.

También me fastidia que desde los medios de comunicación nos manipulen hacia un lado o hacia el otro, desviando la atención de la gente con tonterías para tenernos entretenidos. Y lo peor es que caemos.

A día de hoy, me embarga la desesperanza. No hay más que echar un vistazo a Twitter para ver que quienes tenemos que luchar juntos por todas estas cosas jamás vamos a ser capaces de aparcar nuestras diferencias para lograr algo bueno. Esto se ha convertido en un «Y tú más» agotador y yo, desde luego, no me siento representada por ningún partido político.

¿Qué esperanza tenemos cuando medio país está enfrentado al otro medio por unos lazos amarillos, por ejemplo? ¿Alguien ha tratado de sentarse a escuchar a los catalanes que no se sienten identificados ni con quienes los colocan ni con quienes los retiran? Nuestros políticos sólo buscan agitación y enfrentamiento en lugar de comprensión y diálogo, menuda imagen estamos dando a nivel internacional. Pero ya se sabe, a río revuelto… Vamos a terminar en una intervención militar y otra dictadura y me temo que no tardando.

En fin, siento la chapa. Es sólo que hacía mucho que no me daba un brote de estos y necesitaba soltarlo. Si queréis comentar/debatir algo respetuosamente, estaré encantada de intercambiar opiniones. Los marrulleros a los que les llegue el post mejor que no se molesten, que no tengo ninguna gana. Gracias por leerme y feliz domingo.

La movida esta del RGPD

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Llevamos medio mes (o más) recibiendo mails sobre los cambios en la política de privacidad de datos y está resultando un poco cargante, verdad? Sitios a los que ni siquiera recordábamos habernos suscrito…

El caso es que no se me había ocurrido que también tenía que tenerlo en cuenta para el blog hasta que Montse no me ha avisado. Y es que no sabía ni dónde se almacenan los correos de la gente que se había suscrito vía mail, porque cuando os llegan las entradas se hace de forma automática y yo ni flowers…

He tenido que investigar y los he borrado todos, así que teóricamente no deberíais recibir ya las entradas por esta vía. También he desactivado las opciones de dejar comentarios y todo lo que se me ha ocurrido, al menos hasta que dé con la forma de hacer esto de forma legal para no liarla parda. Si aun así seguís recibiendo algo en el mail, porfi avisadme (vía página de FB, por ejemplo) para que pueda solucionarlo.

¡Mil gracias!

VIERNES 25 DE MAYO: edito la entrada para avisaros de que ya he restablecido la opción de dejar comentarios y seguir el blog. Según me he estado informando, como no tengo un servidor propio que almacene ningún dato sino que estoy utilizando un servicio que ofrece WordPress, ya si tenéis que reclamar pues a ellos :D Ahora en serio, como es su servicio automático el que os envía las entradas por mail, si no queréis recibir más sólo tenéis que desuscribiros (sale la opción al final de los correos con mis posts). A mí ni tan siquiera me aparecen vuestros datos. Y eso, que tengáis un feliz viernes. Besis!

Oh là là! Toulouse en tres días

¡Hola, queridos! El otro día os preguntaba si os apetecía que preparase un post de mi viaje del pasado fin de semana a Toulouse y, por aclamación popular -vamos, que me lo han dicho mi prima María y mi mariposilla- aquí lo tenéis.

Como ya os he contado, este viaje era el cuarto que hacía con Waynabox. Podréis encontrar más información en su web pero básicamente funciona de la siguiente forma: seleccionas número de viajeros, lugar desde el que saldrás y el fin de semana que te interesa (un finde normal, de viernes a domingo o de sábado a lunes, suele costar 150€, pero por lo que he visto últimamente hay mucha demanda así que los findes salen algo más caros). Este precio te incluye el vuelo y dos noches de hotel a uno de los doce destinos que te ofrecen. Puedes descartar de forma gratuita uno de ellos, y los siguientes tienen un coste de 5€ por destino y viajero. Así hasta que como mínimo dejes 3 opciones para que puedan sorprenderte. Yo normalmente he descartado el gratuito y uno de pago. Y dos días antes de la salida, recibes un correo desvelando el destino y el plan de viaje (información sobre los vuelos, hotel, etc.).

Sé que hay gente que encuentra auténticas gangas en vuelos pero yo no soy de ese tipo de personas, así que como me apetecía dejarme llevar en lugar de planificarlo todo con esa rigidez que me caracteriza, ¡me lancé a la aventura y no paro de repetir!

El caso es que el viernes pasado nos tocó madrugar un montón. Nuestro vuelo salía a las 6.15h, así que yo me levanté a las 3.30h y Bárbara, la amiga con la que viajaba, a las 3h. Al menos ella pudo dormir durante el trayecto, yo no fui capaz. A las 8.30h ya habíamos dejado las maletas en el hotel y nos fuimos a desayunar a un sitio cercano que había visto en un post cuando buscaba info sobre Toulouse: Le Classic Cafe (Av. Honoré Serres, 2). ¡Y qué maravilla el pan francés! Tomamos unas baguettes con mantequilla que estaban espectaculares. Al día siguiente repetimos, pero el domingo cerraban así que tuvimos que cambiar de estrategia desayunil.

Nuestro primer desayuno. Mmm!

Con el estómago contento comenzamos un recorrido que nos llevó de la basílica de Saint-Sernin a la Place du Capitole, pasando por la orilla del Garona. Eso sí, este ha sido claramente un finde gastronómico así que voy a hablaros de los sitios que probamos el viernes. Para comer, reservamos en Le Grenier de Pépé (Rue Denfert Rochereau, 1). Son famosos por las fondues, pero a mediodía no las sirven. Eso sí, probamos las galettes (una especie de crêpes rellenas con jamón, champiñones, queso y otros ingredientes) que estaban para chuparse los dedos.

Estuvimos en un sitio muy malasañero tomando unas cañas, Le Filochard (Place du Pont Neuf, 8). Tenía mucho ambientillo para lo que vimos por allí (teniendo en cuenta que Toulouse es una ciudad llena de estudiantes extranjeros, se ve poca vida el fin de semana, de hecho el domingo hay mogollón de restaurantes cerrados). Después nos fuimos a cenar a Le Rond de Serviette (Place Olivier, 14). Es un sitio chiquitín pero como muy auténtico en el que tienen foie a volonté, es decir, que te ponen todo el que tú quieras. Pedimos un menú que costaba 25€ en el que te incluía embutidos en una cestita muy cuqui y un segundo plato a elegir entre varios (nosotras pedimos magret, nos hemos puesto de pato en este viaje…).

Al día siguiente hicimos un tour con guía en español. Cuesta 12€ pero nos pillamos Pass tourisme, una tarjeta que puedes coger para 24, 48 o 72 horas y que incluye, además de la visita guiada, ida y vuelta en el bus-lanzadera desde el aeropuerto, transporte público y entradas a los principales museos y monumentos de la ciudad. También te descuentan algo en otras atracciones pero eso ya no os puedo decir, porque nos ceñimos a lo esencial. Creo que compensa bastante, porque nos costó 22 euros (la de dos días) y entre el tour y la vuelta al aeropuerto ya estaba amortizada. ¡Y ojalá nos hubiéramos enterado el viernes para cogerla según llegamos!

El sábado, además del tour, vimos muchas cositas por nuestra cuenta e incluso subimos a disfrutar de las maravillosas vistas que nos ofrecía la terraza de Galerías Lafayette. Y también nos pusimos las botas, of course. Para comer optamos por la raclette, que es un plato suizo que consiste en derretir queso del mismo nombre y echarlo por encima de patatas cocidas, todo ello acompañado con pan y embutido. Estaba buenísima, pero no es el plato más adecuado para una intolerante a la lactosa, la verdad. El restaurante donde fuimos se llama Les Fondues de la Daurade (Jean Suau, 1B) y, a pesar de que se les fue la luz en varias ocasiones, comimos bien y las chicas que atienden fueron muy amables. En general, la amabilidad de la gente es algo que nos ha sorprendido de forma muy positiva, porque en casi todas partes nos han tratado fenomenal. Además, una cosa que me ha gustado mucho es que, en cualquier local, según te sientas te sirven una jarra con agua fresca. Aquí en Madrid hay casi que rogar en algunos sitios para que te den un vasito de agua del grifo…

Cassoulet

Por la noche, como dos valientes que somos, nos fuimos a probar otra de las delicatessen de la gastronomía local: la cassoulet. ¿Dónde? En La Cave au Cassoulet (Peyrolieres, 54). Aquí fue donde peor nos atendieron, básicamente porque había dos personas para un comedor grande y totalmente lleno, así que se notaba que no daban para más. La cassoulet, que es como una especie de fabada con pato y la típica salchicha tolosana, estaba bastante rica, aunque creo que quizás recomendaría tomarla a mediodía y buscar otra alternativa de restaurante menos masificado.

Con esta cena tan ligerita nos volvimos dando un paseo al hotel (las distancias no son muy largas y resulta muy fácil orientarse debido a la configuración espacial de la ciudad).

Al día siguiente, y puesto que nuestro amigo de los desayunos estaba cerrado, cogimos unos croissants para tomar por la calle. No os imagináis cómo estaban, seguro que a esos no les hacía Gloria Serra un programa como el de los croissants congelados de Granier. Comenzamos la mañana visitando el Capitole, que sólo puede verse los domingos porque el resto de días hay bodas (nos dijo la guía que hay una boda cada 15 minutos). La parte a la que te dejan acceder es pequeña pero hay unas obras de arte muy espectaculares, sobre todo por su tamaño. Después fuimos de museo en museo y tiro porque me toca, y a la hora de comer ya dimos por finalizado nuestro tour tolosano. Tras ver unas curiosas exposiciones en Les Abattoirs (antiguos mataderos reconvertidos a centro cultural, como el Matadero de Madrid), recalamos en un pequeño restaurante cercano, Bistrot 12 (Place Interieure Saint Cyprien, 12). Allí nos atendieron fenomenal también y nos dimos nuestro último homenaje en forma de crêpe de Nutella -estoy salivando ahora mismo-.

Y esto es lo que puedo contaros de Toulouse, queridos míos. Espero que os haya gustado el post, si os animáis a visitar esta preciosa ciudad francesa no dudéis en consultarme. ¡Feliz fin de semana!

Adónde vamos desde aquí

Hola, queridos míos. ¿Es posible que ayer se me olvidara poner el post otra vez? Sí, es posible. En mi defensa quiero alegar que tuve un día muy ajetreado. Un año más, el inicio de la Feria del Libro inundaba el Parque del Retiro de gente y literatura. Y allá que me fui, pertrechada de algunos libros que quería tener firmados, como los de mi admiradísimo César Pérez Gellida. Y menos mal que sólo me llevé 3, porque como era previsible volví con otros tantos. Con eso y con un dolor de espalda y una deshidratación importante, creo. ¡Hacía un calor insoportable! El próximo año me llevo dos litros de agua helada, un ventilador portátil y un carrito de la compra para transportar todo cómodamente.

Ayer fue día de literatura y de amigos. De la buena gente que traen las redes sociales entre toda una marabunta de pirados, cuñados y ofendidos de la vida. Hoy también ha habido tiempo para los amigos, y para sacar la ropita de verano, y para poner lavadoras y… Ahora tengo que ponerme un rato con el curso (tras el post) y después descansar, que me están entrando sudores fríos de pensar que mañana es lunes y no he parado en todo el finde. Y el que viene me voy de casa rural!

Os dejo porque quiero dejar enviada una tradu y terminar algunos ejercicios, y necesito un ratito de sofá y de no hacer nada… El monólogo que nos toca es de los que dan mucho que pensar. Y nos acompaña otra vez Ella Eyre, que me está encantando! El tema de hoy se llama If I Go. Disfrutad de lo que queda de finde. Mil besos!!

Al sufrir un trauma, el cuerpo despliega su propio sistema defensivo. Desde el primer segundo, el cerebro recibe la señal de que ha ocurrido una catástrofe. La sangre va a los órganos que más lo necesitan, inundando los músculos, los pulmones, el corazón, el cerebro. El cerebro decide por el resto del cuerpo: o enfrentarse al peligro o salir huyendo. Es un mecanismo diseñado para proteger el cuerpo. Para protegerle de que sepa que lo que ha pasado podría ser irreparable. Lo llamamos shock.

Cuando el shock remite, cuando el cuerpo acepta que se ha producido un trauma, cuando puede bajar sus defensas, es un momento aterrador. Es vulnerable. La respuesta al shock nos protege y puede que nos salve.

Anatomía de Grey, temporada 11, capítulo 9.

Carta para Noa

Mi pequeño bebé peludo:

No dejan de llegar malas noticias sobre tu salud y yo no puedo aguantar las lágrimas y esta pena que me quema y me arrasa por dentro. No quiero que me veas llorar y te pongas más triste tú también, que ya ni juegas, ni te diviertes ni nada… Te veo apagarte poquito a poco y se me va la vida contigo.

Llegaste a mí cuando tenías apenas un mes y medio y cabías en la palma de la mano. Te recuerdo asustada, escondida junto a la lavadora. Me parecías la cosa más bonita que había visto nunca. 

Desde entonces, hace más de 7 años, apenas hemos estado separadas unos días. Tenerte conmigo ha implicado algunos sacrificios pero ha sido un regalo, por tu cariño desinteresado y sincero. Hemos estado solitas mucho tiempo pero tu presencia me hace sentir en casa. Eres mi hogar, Noa. El amor de mi vida. Ojalá te hayas sentido tan amada y feliz como he intentado que fueras.

No puedo soportar pensar en que puedas irte pronto. Luchemos juntas, pequeña. Yo no me rindo. No te rindas tú, por favor. Hagamos lo posible por seguir juntas más tiempo. Y si finalmente tienes que irte, espero que no sufras. Ya sufriré yo por ti, chiquita mía. Tu ausencia será durísima. Por eso tenemos que ir a por todas.

Sé que mucha gente no me entiende. “Sólo es un animal”, pensarán. Pero eres MI FAMILIA, Noa. Y SIEMPRE, SIEMPRE, TE LLEVARÉ CONMIGO. 

(No os penséis que se me ha ido la cabeza. Soy perfectamente consciente de que Noa no puede leerme, pero este post es una vía de escape ante el maremágnum de sentimientos que estoy experimentando ahora mismo. Escribo por mí, para lavarme un poco el alma y ver la situación con un poquito de perspectiva). 

Bajo el agua

¿Recordáis cuando en esos juegos veraniegos en la piscina alguien os agarraba del pie y no os dejaba salir al exterior? Durante unas angustiosas fracciones de segundo te atenazaba la angustia y te quedabas paralizado, hasta que te sacudías de una patada al gamberro en cuestión y podías respirar al fin.

Así me siento yo desde hace algún tiempo. Salvo que todavía no he logrado llegar a la superficie. ¡Y los lunes no ayudan ni un poquito! Especialmente éste, en el que me toca jornada intensiva (de 8h a 21h, vaya).

El miércoles pasado volví a pesarme tras cuatro meses sin saber cómo estaban yendo las cosas, y lo que me contó la báscula no me gustó nada. El resultado es que hoy vuelvo a la dieta.

Para motivarme y superar la semana, estoy poniéndome este tema en bucle. Lo comparto con vosotros, ¡porque todos necesitamos una canción para la batalla! Se llama Fight song y es de Rachel Platten.

YES WE CAN!

Un lunes cualquiera

La semana no ha podido empezar peor. Llueve, lo que para mí no supondría un gran problema si no fuese porque Madrid se colapsa. Es verdaderamente llamativo. Quiero decir que es una ciudad en la que la lluvia es algo cotidiano, no estamos en el Sáhara (ni tan siquiera sé si en el Sáhara lloverá normalmente). ¡¡No entiendo por qué llegar a la ofi se convierte en la vuelta de Ulises a Ítaca!!

Además sigo en modo “hiperrestricción alimentaria” porque sé que en el viaje los excesos gastronómicos van a ser una constante. Así que muero de hambre sólo de pensar que a mediodía me espera una ensalada sin una gota de proteína.

Por eso, toca tirar de artillería pesada para darle un poco de luz a este lunes en el que tengo la cabeza ya más al otro lado del Atlántico que en las tareas que tengo para hoy: Love Natural, de Crystal Fighters.

Nada más que añadir, Señoría! ;)

Hace dos años y un día…

No, esto no es un post sobre la obra de Pimpinela, no preocuparse! ;) Hoy os quiero contar una de esas cosas que os permite conocerme un poquito más.

Si me seguís desde hace bastante, estaréis al tanto de mis dimes y diretes con el peso. De pequeña era una raspilla: comía fatal, me aburría tener que hacerlo y había muchas cosas que no me gustaban. Pero llegó el momento de irme a estudiar fuera y, con eso, el desastre.

Me tocó ir a clase en el turno de tarde, que era más o menos de 16 a 21h. Volvía a casa muerta de hambre, cenaba guarradas (hasta papillas), trasnochaba viendo cualquier tontería en la TV, al día siguiente me levantaba casi a la hora de comer… Lo raro hubiera sido que mi metabolismo resistiese el tirón, pero evidentemente este horror de vida fue más fuerte que él. Y comencé a engordar.

Primero fueron unos kilillos, nada preocupante. Hacía todas las dietas milagro que pasaban por mis manos, con un efecto rebote que ríete tú de los de la NBA. Acabé la carrera con casi 15 kilos más de lo que pesaba cuando la empecé. Tras una presión brutal en casa y por parte del chico con el que estaba en aquel momento, me animé a probar con Naturhouse, muy de moda en ese momento. Meses de sufrimiento después, dejándome la pasta en las cositas que te mandan tomar, logré quedarme en 58 kilos. 

Pero la ansiedad, un ritmo laboral estresante con unos horarios complicados, la pereza… todo pudo conmigo y no sólo recuperé lo perdido, sino que en 2013 llegué a pesar 84 kilos. Sí, como lo leéis.

Entras en una dinámica en la que te da igual comer otra pizza más, si total, ya no se te va a notar. Es un bucle infinito, muy difícil de romper. Te desanimas cuando vas a comprarte ropa y no te vale nada, pero piensas que nunca conseguirás adelgazar, que da igual lo que hagas, porque ya lo has intentado todo y al final se ha quedado en nada, y sigues comiendo. Comes para premiarte, para castigarte, por aburrimiento…

Esta foto fue el punto de inflexión. Al verla me dije "Hasta aquí".

Este fue el punto de inflexión.

Tras ver esta foto tan espantosa fui consciente de que esta situación no podía seguir así. De que había que poner remedio. Fue en el esclarecedor viaje a Praga que hice con mi madre y mi tía para visitar a mi prima Clara, de Erasmus allí, cuando tomé la decisión que me cambió la vida. Ambas me dieron su bendición y el soporte financiero que necesitaba, y el viernes 2 de agosto de 2013 me colocaron un balón intragástrico (BIG) en IMEO.

Ese fin de semana pasé tantos dolores que solo podía pensar en si iba a merecer la pena. Tras unos días bastante duros, comenzó el verdadero sacrificio: seguir la dieta. Porque BIG no funciona si sigues comiendo lo que te da la gana. Pero yo estaba comprometida 100% y tenía que conseguirlo, esta vez sí. El objetivo: perder 30 kilos.

Con eso en mente, y gracias al apoyo semanal de todo el personal de la clínica, desde la nutricionista (y ahora amiga) más maravillosa del mundo mundial, Andrea, hasta todas las chicas de Estética que me hacían unos tratamientos estupendos para ayudar en el proceso y conseguir que la piel se me quedase fantástica, y mi adorada Alejandra, la psicóloga que aguantaba todas mis chapas y conseguía que no me volviese demasiado loca, fui dejando kilos atrás.

Pronto llegó el momento de quitar a BIG, porque yo llevaba el de 6 meses. Casi lo tuve puesto 7, y en la recta final lo pasé fatal, me costaba muchísimo digerir la comida y tenía cólicos de gases. Pero el 26 de febrero BIG y yo nos despedimos para siempre, con gran alegría por mi parte, debida entre otras cosas a los beneficiosos efectos de la sedación.

El tratamiento completo tiene una duración de dos años, y como yo solo había perdido una parte del peso deseado, seguí con mi dieta y empecé a ir al gimnasio un par de veces o tres por semana. A finales de marzo conseguí mi objetivo. Y… seguí bajando, porque cada vez quería más. Me enganché a la talla 36, incluso me compraba algunas cosas de la 34 o de la XS.

De repente me di cuenta de que me había hecho una esclava de un número en un minúsculo trozo de papel o de lo que dijese una báscula. ¿Qué más daba que me dijesen que no tenía buena cara si la TANITA marcaba 49,65 kg.?

Aun así, yo seguía sin verme bien, especialmente en bikini. Y la hecatombe llegó este año, con el cambio de trabajo. Las jornadas maratonianas me hicieron abandonar el gym, el estrés me provocaba una ansiedad que a duras penas lograba mantener a raya. Así que he cogido algo de peso que no soy capaz de bajar. Casi todo son líquidos, pero aun así estoy obsesionada.

Hay veces que he dejado de hacer planes con gente solo para no verme tentada a pecar, a saltarme lo que me toque comer ese día.

Y aunque mucha gente dice que estoy ahora mejor, entre 53-54 kilos, yo me veo espantosa. Sé que tengo una visión muy distorsionada, y trato de luchar contra eso. Ser objetiva, mantenerme firme, seguir comiendo como me han enseñado, hacer ejercicio… Pero a veces es tremendamente duro.

Por eso quería compartir esto con vosotros hoy. Ayer, hablando con una amiga que también está a dieta, me di cuenta del daño que nos hacemos a nosotros mismos con esos pensamientos tan distorsionados, y pensé que este post podría ayudar a alguien. Así que aquí tenéis mi historia.

Quiero acabar el post dando infinitas gracias a todas las personas que me han ayudado en este camino: mi familia, a la que le debo TODO, la gente de IMEO (especialmente a Andrea y Alejandra) que me han hecho sentir siempre la niña mimada de la clínica y que son unos grandes profesionales, mis amigos que aguantan carros y carretas y se adaptan a mi dieta si es necesario, y esa persona que hace las mayores tonterías del mundo solo por verme sonreír. Y gracias también a los que estáis de ese otro lado ;)

Acabamos con temazo motivacional. Porque #YesWeCan!

Noche de Reyes

Hoy me ha entrado un ataque de nostalgia. Todo el mundo habla en Twitter de lo maravillosa que es esta noche, la más mágica del año, pero es que hace siglos que no siento esa emoción de la llegada de SS. MM. Los Reyes Magos de Oriente. Y me ha dado por pensar en mi infancia, que fue preciosa.

Algunas mañanas del 6 de enero las recuerdo como si fueran ayer mismo. La noche antes nos encargábamos de la logística: colocábamos un zapato de cada uno, impoluto y refulgente, bajo el árbol, que estaba en el vestíbulo de nuestra enterior casa; poníamos los vasos de leche y el platito de galletas para Sus Majestades… Los preparativos habituales, vaya. Y mi hermano y yo nos íbamos a la cama, aunque de la emoción nos costaba un triunfo dormir. ¡Qué nervios se pasaban aquella noche! Y luego despertabas y ¡oohhh….! Bajo el zapatito, había un montón de regalos.

Me ha dado por buscar algunos de ellos en Google Imágenes y aquí estoy, medio lagrimeando y todo. Me acuerdo de un año que me trajeron esta mesita de Baby Feber (aunque el muñeco, de aspecto parecido a Chucky, no lo tenía, yo era más de Nenuco), y también un carrito de limpieza que no he logrado encontrar pero que era muy rosa, como todo lo mío en aquella época, vaya. Estaba tan emocionada…

¡Tenía hasta bañera...! :__)

¡Tenía hasta bañera…! :__)

Otro año, cuando ya andaba yo con la mosca detrás de la oreja, me trajeron este maletín con un Nenuco que era adorable, con su pijamita suave y todo. Sospechaba yo de la veracidad de la magia de los de Oriente, y me levanté a mirar varias veces a ver si ya habían llegado y nada. Pero cuando mi papi (que estaba de noche) volvió del trabajó, me despertó para que fuese a ver, y ¡oh, sorpresa! ya habían pasado los Reyes. Elemental, mi querido Watson.

¿Soy todo amor o qué?

¿Soy todo amor o qué?

Después, la época de las Barbies. Tenía tantas que podrían haber solicitado la independencia y creado su propio gobierno. Sin duda, una de las que más me gustó, por espectacular y por ser de las primeras, fue la Barbie Superstar.  De su vestido (rosa, of course) podías hacer varios modelos, y tenía una estola de pelo! Puro glamour… Seguro que la hubiesen elegido presidenta.

Será por estrellas...

Será por estrellas…

Y claro, ellas llegaban pero no llegaban solas. ¡Necesitaban un hogar! Así que otro año, los Magos de Oriente me dejaron bajo el árbol una magnífica casa-maletín que tenía jardín y todo. Mi padre me la montaba en la cocina, a la vez que el castillo de Playmobil que los Reyes le habían traído a mi hermano. Y cuando ya teníamos todo preparado, era hora de recoger porque mi madre volvía del trabajo y había que cenar y esas cosas. Así que el juego consistía, básicamente, en montar y desmontar casa y castillo. Qué paciencia tenía mi padre…

La terraza era lo más...

La terraza era lo más…

Pronto se dieron cuenta Sus Majestades que aquella casa práctica, lo que se dice práctica, no era. Y me trajeron esta otra, que además podía llevar por ahí para jugar en cualquier sitio. Sí, otro maletín. ¡Pero este tenía hasta chimenea con fuego! Barbie vivía como quería.

Es, más o menos, como mi casa de ahora...

Es, más o menos, como mi casa de ahora…

Los regalos fueron cambiando a medida que crecíamos: calzado, ropa y un montón de cosas super útiles y prácticas que a nosotros no nos hacían ninguna ilusión. Y fue entonces cuando los juegos de mesa adquirieron un protagonismo inusitado. El primero de la clase, Quién es quién, o el que sin duda era mi favorito, La herencia de tía Ágata. La verdad es que montarlo también era un poco coñazo y muchas veces cuando acabábamos ya teníamos que recogerlo, pero MOLABA.

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Hasta el gato podía heredar…

Todos como locos por la herencia. Como los hijos de Rocío Dúrcal, igualito...

Todos como locos por la herencia. Parecía un programa del corazón… 

Y hasta aquí el ataque de melancolía y la vuelta a la infancia. Creo que no volveré a disfrutar del día de Reyes hasta que me toque a mi serlo para unos pequeñuelos que se levanten de sus camitas medio adormilados y emocionados, y corran a ver si debajo del árbol de Navidad ha llegado la magia.